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Los enanitos verdes de La Plata.

 



A más de 40 años del mito más grande de La Plata: la noche que llegaron los extraterrestres 

La noche cayó como cualquier otra en 1983 sobre la periferia de La Plata. Pero algo —nadie supo explicar qué— alteró para siempre la calma de los barrios alejados del casco urbano. Primero fueron las luces: destellos silenciosos que se deslizaban por el cielo oscuro, sin ruido ni trayectoria conocida. Después, el rumor. Y finalmente, el miedo.

Los primeros relatos surgieron en Melchor Romero, Abasto y Olmos. Allí, vecinos aseguraron haber visto resplandores suspendidos sobre campos abiertos y movimientos extraños entre quintas y caminos de tierra. “No era un avión, porque no hacía ruido”, recordaría años después un antiguo puestero de Romero. “Se quedaba quieto… y de golpe salía disparado”.

En Los Hornos y San Carlos, la historia tomó otro matiz. Algunos hablaron de figuras altas, demasiado delgadas, recortadas contra la oscuridad. “Yo pensé que eran personas, hasta que vi cómo se movían”, contó una vecina de San Carlos en una reunión barrial muchos años después. “No caminaban. Se deslizaban”.

En Arturo Seguí y Etcheverry, en cambio, lo que quedó grabado fue el silencio. “Era como si el campo se hubiera apagado”, decía un quintero de la zona. “No se escuchaban ni los grillos. Después vino ese zumbido… bajo, constante, como si vibrara el aire”.

Esa misma noche también se denunciaron cortes de luz, radios que emitían solo estática y televisores que se encendían solos. Al amanecer, algunos vecinos descubrieron marcas circulares en la tierra, perfectamente delimitadas, en descampados cercanos a las vías y a rutas secundarias. “La tierra estaba aplastada, pero no quemada”, relató un hombre de Abasto. “Como si algo muy pesado se hubiera apoyado ahí”.

No hubo comunicados oficiales ni explicaciones concluyentes. Lo que sí hubo fue una acumulación de voces, recuerdos fragmentados y miradas cómplices que, con el paso de las horas, construyeron uno de los mitos más persistentes de la ciudad, ayudado con la presencia de José de Zer de Canal 9 y su invento de los enanitos verdes.

Más de cuarenta años después, aquella noche sigue flotando en la memoria platense como un susurro que no se termina de apagar. Algunos dicen que fue sugestión colectiva. Otros bajan la voz antes de negar. Y hay quienes todavía, en las noches despejadas de Romero, Olmos o Abasto, levantan la vista al cielo con la certeza de que algo —aquella vez— estuvo demasiado cerca.

Y que quizás, solo quizás, aún pueda volver.

Eduardo Finocchi / 2-2026

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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