
Roosevelt acompañado por los ministros Uriburu y Echague y el Dr. Dardo Rocha
La mañana del 14 de noviembre de 1913 no fue una más para la joven ciudad de La Plata. A poco más de treinta años de su fundación, la capital bonaerense recibía a uno de los personajes más influyentes del mundo: el ex presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt.
No llegaba como político en funciones, sino como algo que también lo definía profundamente: naturalista, explorador y apasionado por la ciencia. Y justamente por eso, uno de sus principales destinos en la ciudad fue el Museo de La Plata, que ya entonces gozaba de prestigio internacional.
Roosevelt arribó acompañado por sus hijos, Margarita y Kermit, en medio de una gran expectativa. Las crónicas de la época cuentan que fue recibido por autoridades locales y una banda de música, en un clima que mezclaba solemnidad y curiosidad. La ciudad todavía era joven, pero ya comenzaba a proyectarse al mundo.
Luego de una breve visita a la Gobernación, el ex mandatario se dirigió al Museo de La Plata, donde realizó un recorrido minucioso por sus salas. Su interés se centró especialmente en las colecciones de paleontología y arqueología, que por entonces sorprendían a científicos de distintos países.
No era casual. Roosevelt conocía la obra del gran paleontólogo argentino Florentino Ameghino, cuya labor científica había colocado a la Argentina en el mapa mundial de la investigación prehistórica. Incluso, según relatan las crónicas, el visitante ilustre manifestó su deseo de visitar la tumba de Ameghino, aunque finalmente no pudo hacerlo debido al mal tiempo.
Durante la recorrida, Roosevelt se mostró atento, curioso y entusiasta. No era la actitud habitual de un ex presidente, sino la de alguien verdaderamente fascinado por el conocimiento. Antes de retirarse, firmó el libro de visitantes del museo junto a sus hijos, dejando así una huella simbólica de aquel paso por la ciudad.
La visita fue breve. Tras recorrer algunos edificios emblemáticos de La Plata, Roosevelt emprendió el regreso hacia Buenos Aires alrededor de las cinco de la tarde. Sin embargo, el episodio quedó grabado en la memoria de la ciudad como uno de los primeros grandes acontecimientos internacionales.
A más de un siglo de aquel día, imaginar al ex presidente norteamericano caminando por las galerías del Museo de La Plata genera una escena casi cinematográfica: una ciudad joven, un museo que sorprendía al mundo y un visitante ilustre que, por unas horas, se convirtió en un vecino más de la capital bonaerense.
Fue, sin dudas, uno de esos momentos donde la historia mundial y la historia platense se cruzaron silenciosamente entre vitrinas, fósiles y pasillos que aún hoy conservan el eco de aquella visita inolvidable.
Eduardo Finocchi / 4-2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com