
En la ciudad de La Plata hay historias que pasan desapercibidas todos los días. Historias silenciosas, escondidas en rincones de la memoria urbana. Una de ellas vive en una calle muy conocida por los vecinos… pero cuyo verdadero nombre casi nadie recuerda.
Se trata de la calle 69.
Pocos saben que, oficialmente, esta arteria tiene nombre propio: San Francisco de Asís. Y menos aún conocen cómo nació esa denominación.
La historia se remonta al 22 de marzo de 1945, cuando mediante el Decreto Nº 3957 se decidió bautizar a la calle 69 con ese nombre. La iniciativa no surgió del azar ni de un trámite administrativo más. Fue un pedido del párroco de la iglesia ubicada en la calle 12 entre 68 y 69: la histórica Iglesia San Francisco de Asís.
La intención era sencilla y profundamente simbólica: que la calle que pasa junto al templo llevara el nombre del santo que inspiraba su comunidad.
Así fue como la calle 69 recibió oficialmente el nombre de San Francisco de Asís, una de las figuras espirituales más influyentes de la historia cristiana.
Nacido en Italia en 1181, Francisco fue hijo de un próspero comerciante. Pero su vida tomó un rumbo inesperado: renunció a las riquezas familiares para abrazar la pobreza, la humildad y una vida dedicada al Evangelio. Fundó la Orden Franciscana, que creció rápidamente durante la Edad Media bajo la autoridad de la Iglesia Católica.
Su forma de vivir —austera, simple y profundamente espiritual— inspiró a miles de seguidores, aunque también generó tensiones dentro de la propia orden cuando esta comenzó a expandirse. La tradición lo recuerda además como el primer caso documentado de estigmatización visible, las marcas de la pasión de Cristo en el cuerpo.
Murió el 3 de octubre de 1226, y apenas dos años después fue canonizado por la Iglesia.
Sin embargo, hay algo curioso —y casi melancólico— en esta historia platense.
A pesar de que desde 1945 la calle lleva oficialmente ese nombre, no existe ninguna placa ni cartel de nomenclatura que lo indique. Para la mayoría de los vecinos sigue siendo, simplemente, la calle 69.
Así, entre veredas, árboles y casas del barrio, el nombre de San Francisco de Asís permanece casi invisible, como si el tiempo lo hubiera dejado en un discreto segundo plano.
Y quizás haya allí una pequeña ironía histórica: el santo que eligió la humildad y la sencillez por encima de todo… terminó dando nombre a una calle que prefiere pasar inadvertida.