Aquella mañana del 21 de septiembre de 1991 tenía algo distinto en el aire.
La primavera recién empezaba a asomarse en La Plata y, en la
calle 36 entre 2 y 3, la gente se apretaba contra las vallas esperando la
inauguración de la nueva sede de la CGT.
Alli estaban su Secretario Gral. “Nino” Di Tommaso, el
intendente Julio Alak, Eduardo Duhale Vicepresidente de la Nación y Antonio
Cafiero Gobernador bonaerense, entre otros dirigentes políticos… y también
curiosos del barrio, que siempre aparecen cuando algo importante sucede.
Yo estaba allí, con mi cámara, buscando el momento, cuando de
repente, entre trajes oscuros y figuras importantes, apareció él. Bajito,
tranquilo, con su sotana y sus anteojos oscuros: el Padre Cándido Montaña.
No necesitaba presentación. Muchos lo conocían. Otros
simplemente lo saludaban con respeto.
—Ahí está el cura tripero… —dijo alguien detrás mío. Y era
cierto, muchos hinchas recuerdan que llevaba siempre su bufanda azul y blanca
debajo de la sotana.
El mismo que los domingos se escapaba al Bosque, el que
sufría con Gimnasia como cualquier hincha, el que hablaba de fútbol después de
misa y que, sin querer, se había vuelto parte del paisaje platense.
Pero ese día no estaba en la tribuna. Estaba en el centro de
la escena.
Los dirigentes tomaron la cinta. Los fotógrafos levantamos
las cámaras. La gente se inclinó un poco hacia adelante.
El Padre Montaña levantó suavemente la mano, como si
bendijera no sólo un edificio, sino a todos los que estaban allí: trabajadores,
dirigentes, curiosos, vecinos… y hasta a nosotros, los que mirábamos detrás del
lente.
No habló fuerte. Bendijo la casa con un gesto tranquilo y humilde. Como era él.
Yo disparé la cámara en ese instante. Y me quedó esta foto
histórica, donde quedó un cura de barrio, (en esa época creo que era párroco de
la Iglesia Ntra. Sra. Del Carmen de Tolosa), metido entre la política y el
sindicalismo, pero sin dejar de ser el mismo hombre sencillo que caminaba
Tolosa saludando a todos.
La cinta se cortó. Los aplausos llegaron. Y el Padre Montaña,
como si nada extraordinario hubiera ocurrido, bajó la mano, sonrió apenas… y
volvió a mezclarse entre la gente.
Como uno más. Como siempre.
Eduardo Finocchi / 3-2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com

