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El Palacio Achinelly, la joya francesa que todavía deslumbra en una esquina platense



En la esquina de 53 y 11, donde el movimiento diario de la ciudad parece no detenerse nunca, se levanta uno de los edificios más elegantes y emblemáticos de La Plata: el histórico Palacio Achinelly. Muchos pasan apurados por allí sin imaginar que, sobre sus cabezas, una verdadera obra de arte arquitectónica sigue observando el paso del tiempo desde hace más de un siglo.

Sus agujas apuntando al cielo, la gran cúpula revestida en metal, los mascarones femeninos, las molduras, las volutas y los delicados detalles ornamentales convierten al edificio en una de las expresiones más refinadas del academicismo francés que aún sobreviven en la ciudad. El palacio no pasa inadvertido: parece haber sido construido para imponerse con elegancia y carácter.

La historia comenzó en 1911, cuando Esteban Achinelly y su esposa Juana decidieron radicarse en aquella joven y prometedora ciudad de La Plata, que soñaba con transformarse en una capital moderna de inspiración europea. Para concretar semejante proyecto convocaron al arquitecto Franceschini y al ingeniero Guglielmi, quienes diseñaron una residencia fastuosa de tres niveles coronada por torre y cúpula.

Nada fue improvisado. Los revestimientos cerámicos llegaron especialmente desde Francia y los mármoles de la escalera fueron traídos desde Italia, ya que en el país todavía no existían materiales de semejante calidad. Cada rincón fue pensado con una riqueza decorativa extraordinaria.

El edificio responde principalmente al estilo Beaux Arts francés, aunque especialistas encuentran también influencias barrocas, toques de Art Nouveau e incluso algunos detalles que anticipan el Art Déco. Su fachada en ochava es un verdadero catálogo ornamental: balcones sostenidos por ménsulas trabajadas, medallones, roleos vegetales, escudos, guardas y capiteles que le otorgan una identidad única dentro de la arquitectura platense.

En la parte inferior de los muros todavía puede apreciarse el trabajo de buñado, esa técnica que imita grandes bloques de piedra y crea un atractivo juego de luces y sombras, aportándole aún más presencia al conjunto.

Durante años, la familia Achinelly vivió allí rodeada de hijos y nietos. Pero la temprana muerte de doña Juana cambió el destino de la residencia. Con el tiempo, el edificio fue vendido a la familia Albina, que intentó transformarlo en sanatorio. El emprendimiento médico no prosperó y finalmente el inmueble terminó en manos del Estado bonaerense.

Fue entonces cuando el viejo palacio encontró un nuevo destino que lo uniría para siempre a la historia cultural de la provincia: convertirse en sede de LS11 Radio Provincia de Buenos Aires.

La emisora, fundada en 1937 y que había pasado por distintos edificios de la ciudad —entre ellos el Pasaje Dardo Rocha y el antiguo Teatro Argentino—, encontró en esta magnífica construcción su hogar definitivo. Desde entonces, detrás de esos muros cargados de historia, molduras y ornamentaciones, sigue saliendo al aire la voz de la radio pública bonaerense.

Más de cien años después de su construcción, el Palacio Achinelly continúa siendo una de esas joyas arquitectónicas que hacen única a La Plata. Un edificio que no sólo conserva belleza y elegancia, sino también memoria, historias y el espíritu de aquella ciudad soñada con aires europeos.

Eduardo Finocchi  5/2026   -   https://historiasendiagonal.blogspot.com

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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