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| Claudio Gomez. Un tipo muy querido y respetado. |
A Claudio “el Negro” Gómez lo conocí hace ya muchos años en los pasillos de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, ese lugar donde la política, el periodismo y las historias humanas suelen cruzarse sin aviso.
No recuerdo exactamente quién hizo la presentación. En La
Plata casi siempre ocurre lo mismo: alguien conoce a alguien, aparece un amigo
en común, y de pronto ya estás conversando como si se conocieran de toda la
vida.
Con el Negro pasó algo así.
Yo ya me movía por el mundo de la prensa legislativa, y poco
después la vida volvió a cruzar nuestros caminos por otro lado: su esposa
trabajaba conmigo en el área de Prensa de la Cámara de Diputados. Ese pequeño
detalle terminó de acercarnos. En esos pasillos de mármol, entre cables de
micrófonos, cámaras, notas urgentes y cafés apurados, uno termina conociendo
más que colegas: conoce familias.
Y así fui conociendo la suya.
También tuve la oportunidad de tratar a sus hermanos, todos ligados de alguna manera al mundo de la imagen y
la fotografía. Para alguien como yo, que vive con una cámara en la mano, esos
encuentros tenían algo especial: hablar de fotos, de lentes, de revelados, de
historias detrás de cada imagen, de encontrarnos en los actos y preguntarles por el Negro.
Porque los fotógrafos —y las familias de fotógrafos— siempre
terminan hablando el mismo idioma.
Lo curioso es que en ciudades grandes estas coincidencias
pasan desapercibidas. Pero La Plata es distinta: es una ciudad donde las
historias se cruzan una y otra vez en los mismos lugares, en los mismos cafés,
en los mismos pasillos.
Y a veces, sin buscarlo, uno termina sumando amistades que nacen así: por un amigo en común, un trabajo compartido… y una charla cualquiera en la Legislatura o algún acto político...
Con los años uno aprende que las verdaderas historias de una
ciudad no están sólo en los libros ni en los diarios. Están en esos encuentros
inesperados, en las amistades que nacen casi sin darse cuenta, en las familias
que uno termina conociendo gracias al oficio y a la vida.
Hoy, cuando recuerdo aquel primer encuentro con el Negro en los pasillos de la Cámara, me doy cuenta de algo simple pero profundo: La Plata es una ciudad donde las historias siempre vuelven a encontrarse. Siempre recuerdo una foto que me saqué con él y el diputado amigo Diego Rovella.
También tengo el orgullo de decir que llegó a prologar un pequeño libro que me animé a escribir por mis años como fotógrafo de Diputados.
Y quizás por eso, cada vez que camino otra vez por esos
corredores de la Legislatura, entre ecos de pasos y recuerdos de tantas
jornadas de trabajo, siento que en algún rincón sigue flotando aquella primera
charla.
Porque hay encuentros que parecen casuales…
pero con el tiempo terminan convirtiéndose en parte de la
memoria de una vida.
Eduardo Finocchi / 3-2026
