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El casamiento secreto de Perón y Evita en La Plata

 


La noche caía lentamente sobre La Plata y la parroquia de San Francisco de Asís parecía respirar en silencio. Era el 10 de diciembre de 1945, pero esa historia había comenzado unos días antes, cuando el destino quiso torcer los planes del coronel.

El 29 de noviembre, una multitud se había congregado frente a la iglesia. La noticia corría de boca en boca: Juan Domingo Perón y la actriz Eva Duarte iban a casarse. La ciudad vibraba entre la curiosidad, la admiración y también la polémica.

Un auto negro avanzó con dificultad entre la gente. Dentro, el coronel observaba el tumulto. A su lado, Eva Duarte, joven, decidida, con la mirada firme.

Perón suspiró, miró a la actriz y dijo con voz baja pero firme:

—No… con tanto tumulto no me caso.

El auto giró lentamente y se alejó. Aquella tarde, el casamiento quedó suspendido.

Pero once días después, cuando el calor del verano comenzaba a sentirse en las calles platenses, el mismo auto negro volvió a la ciudad. Esta vez, sin multitudes, sin rumores, sin testigos curiosos.

Era el 10 de diciembre de 1945.

La parroquia de San Francisco de Asís, por entonces humilde y sin piso de cemento, fue escenario de una ceremonia discreta. Apenas familiares cercanos, algunos amigos, y los siete franciscanos que vivían allí.

Eva no llevaba vestido blanco. No hubo velos ni pompas. Llegó vestida de corto, con un traje estampado, sencilla, como si aquella boda fuera apenas un paso más en una historia que ya estaba escrita.

Ellos ya se habían casado por civil el 22 de octubre de ese año en Junín. Pero aquel casamiento religioso tenía otro peso. Era el sello definitivo de una unión que muchos apoyaban… y otros tantos rechazaban.

No era común, en aquellos años, que un militar se casara con una actriz. Menos aún cuando ese militar comenzaba a convertirse en líder de masas.

Perón era viudo desde 1938, cuando murió su primera esposa, Aurelia Tizón. Y siete años después, el mundo acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial. Argentina también se preparaba para un cambio. Faltaban apenas semanas para que el coronel lanzara su candidatura presidencial.

Todo parecía avanzar con una fuerza imparable.

La idea de casarse había nacido tiempo atrás, durante la detención de Perón en la isla Martín García. Desde allí, le escribió a Domingo Mercante, expresando su decisión de formalizar su relación con Eva cuando recuperara la libertad.

Y así ocurrió.

El padre Bernardino Bermúdez escuchó la confesión del coronel. El padre Fidel Salvador Rossell oyó la de Eva. Todo quedó registrado en silencio, en un expediente que aún conserva las firmas de los contrayentes, padrinos y testigos.

El casamiento quedó inscripto en el folio 297 del Libro de Actas de la parroquia. Ningún diario lo publicó. Ningún titular lo anunció. La historia se escribió en voz baja.

La ceremonia celebrada por el Pbro. Francisco Sciammarella terminó a las 20.45, Perón y Eva salieron juntos de la parroquia. Sin aplausos. Sin discursos. Sin multitudes.

Solo un pequeño grupo de familiares los acompañó hasta la puerta. Detrás, los siete franciscanos observaban en silencio.

El auto negro volvió a encenderse.

La pareja partió rumbo a San Vicente, donde pasarían unos días de descanso.

La ciudad volvió a su calma habitual.

Nadie imaginaba que aquel casamiento discreto, casi clandestino, uniría a dos figuras que marcarían para siempre la historia argentina.

Y en aquella iglesia sencilla de La Plata, sin piso de cemento y sin testigos multitudinarios, nacía silenciosamente una de las historias más trascendentes del siglo XX.

Una historia que comenzó sin ruido…

pero que terminaría haciendo eco en todo un país.

Eduardo Finocchi / 4-2026    -     https://historiasen diagonal.blogspot.com

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