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La foto que nunca me saqué con Sugar Ray Leonard

 

Haciendo "guantes" con el presidente de la HCD, Francisco Ferro Foto: E. Finocchi

El 4 de abril de 2000, el gran campeón del boxeo Sugar Ray Leonard visitó La Plata para hablarles a los jóvenes sobre educación, deporte y esperanza. Aquella tarde le tomé fotos con todos en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. Con todos… menos conmigo.

El 4 de abril del año 2000 fue uno de esos días extraños y luminosos que a veces regala la historia chica de una ciudad. Durante unas pocas horas, uno de los grandes campeones del boxeo mundial caminó por los pasillos solemnes de la Legislatura bonaerense. Era nada menos que Sugar Ray Leonard, campeón olímpico y múltiple campeón mundial, una leyenda viva del ring.

Llegó a La Plata acompañado por su hijo Ray Junior. Su visita tenía un motivo claro y noble: una campaña internacional contra la droga y la violencia. En la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires fue recibido por el entonces presidente del cuerpo, Francisco Ferro, y por la titular de la Comisión de Seguridad, Graciela Podestá, quienes le entregaron una plaqueta recordatoria.

Vestido de manera sencilla, casi como un visitante más, Leonard permaneció unos 45 minutos en el histórico Salón de los Escudos. Allí habló ante cerca de cien personas que se acercaron para escucharlo, muchos de ellos empleados de la casa legislativa, curiosos, admiradores o simplemente sorprendidos de tener tan cerca a un mito del deporte.

Sus palabras fueron simples, pero contundentes: “Estoy aquí por una razón muy especial, la de compartir un mensaje diciendo sí a la educación y al deporte y un no rotundo a las drogas y a la violencia, porque ante todo soy padre”.

Dijo también que su imagen de campeón podía ayudar a que los jóvenes recibieran un mensaje de igualdad y esperanza. Y como era inevitable, habló de boxeo. Comparó épocas, recordó combates y dejó una frase que despertó sonrisas entre los presentes:

“Antes pegábamos más duro; era más sano, porque había menos organizaciones. Antes había verdaderos campeones”.

Ante la prensa confesó su admiración por Carlos Monzón y se mostró optimista sobre la posibilidad de que Diego Maradona pudiera volver a ser un gran campeón en su vida.

Yo estaba allí como fotógrafo. Mi tarea era documentar la visita. Y lo hice como siempre: cámara en mano, atento a cada gesto, cada saludo, cada encuentro. Durante esos minutos le tomé fotos con todos: con el presidente de la Cámara, con legisladores, con empleados, con secretarios, con ordenanzas, con administrativos… y también con los mozos de la casa.

Podría decirse que media Legislatura tiene una foto con Ray “Sugar” Leonard.

Pero yo no.

Entre pedido y pedido de retratos, entre flashes y sonrisas ajenas, el campeón fue pasando de mano en mano, de saludo en saludo. Cuando finalmente llegó el momento de despedirse, apenas alcancé a estrecharle la mano. Fue un apretón breve, cordial, de campeón.

Y así quedó mi recuerdo: cientos de fotografías de aquel día histórico en La Plata… y ninguna conmigo.

Una de esas pequeñas ironías del oficio de fotógrafo: a veces uno registra la historia para todos los demás, pero queda fuera del cuadro.

Eduardo Finocchi / 3-2026

http://historiasendiagonal.blogspot.com

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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