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| La casa Art Nouveau donde creció Francisco López Merino |
En la calle 49, entre diagonal 74 y calle 12, hay una casa que parece detenida en el tiempo. No es una más. Es de esas construcciones que, aunque uno pase apurado, obligan a levantar la vista. Sus formas curvas, sus detalles ornamentales, sus balcones y su aire romántico la convierten en una de las joyas arquitectónicas más singulares de la ciudad.
Hoy la conocemos como Palacio López Merino, pero a comienzos del siglo XX fue simplemente un elegante Petit Hotel ideado por el arquitecto Francisco Villar.
Corría el año 1905 cuando comenzaron las primeras gestiones ante la Municipalidad para autorizar su construcción. La obra avanzó lentamente, como si la casa quisiera tomarse su tiempo para nacer. Finalmente, hacia fines de 1910, el palacio quedó inaugurado, desplegando toda su belleza en pleno corazón de La Plata.
El edificio fue pensado como vivienda unifamiliar, aunque su tamaño parecía contradecir esa idea: nada menos que 33 habitaciones componían la residencia. En aquel entonces, la propiedad ocupaba un terreno mucho más amplio. Llegaba hasta la esquina de calle 12, donde se extendía un gran jardín y un acceso especial para carruajes. Era otra época, donde la elegancia y el detalle arquitectónico hablaban de una ciudad que aún estaba construyendo su identidad.
La casa tenía un estilo romántico y pintoresquista, con una fuerte influencia del Art Nouveau. Cada rincón parecía diseñado con imaginación: molduras, relieves, líneas curvas y detalles ornamentales que aún hoy permanecen casi intactos.
Pero esta casa no sería recordada solamente por su arquitectura.
Allí creció un joven sensible y silencioso, que más tarde se convertiría en uno de los poetas más recordados de la ciudad: Francisco López Merino, a quien todos llamaban cariñosamente Panchito.
Hijo del escribano Francisco Toribio López y de América Merino, Panchito mostró desde muy joven su inclinación por la poesía. Con apenas dieciséis años, en 1920, publicó su primer folleto de poemas, Horas de amor. Sin embargo, su exigencia consigo mismo fue tan grande que, poco después, retiró los ejemplares de circulación, disconforme con su obra.
Sus versos, melancólicos y delicados, parecían anticipar un destino triste.
En mayo de 1928, la ciudad quedó conmocionada. Francisco López Merino decidió quitarse la vida con un disparo en el baño de “la perrera” del antiguo Jockey Club de La Plata. Tenía apenas 24 años.
Desde entonces, su figura quedó profundamente ligada a aquella casa de calle 49. Aunque la propiedad tuvo distintos dueños a lo largo del tiempo, los platenses nunca dejaron de llamarla Palacio López Merino.
Finalmente, en 1985, el palacio fue declarado patrimonio histórico de la ciudad, reconociendo su valor arquitectónico y cultural.
Hoy, aquel lugar donde alguna vez caminó un joven poeta, alberga el Complejo Bibliotecario Municipal López Merino, con más de 65.000 libros, cuatro bibliotecas y una hemeroteca.
Y tal vez no sea casual.
