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La pequeña Alhambra escondida en La Plata


En pleno casco fundacional de La Plata, sobre calle 49 Nº 370, entre 2 y 3, se esconde una de las residencias más extraordinarias y menos conocidas de la ciudad: la histórica Casa Arana, famosa por albergar en su interior un asombroso “patio nazarí”, inspirado directamente en el célebre Patio de los Leones de la Alhambra de Granada.

Detrás de su sobria fachada, esta casona guarda una historia íntimamente ligada a los primeros años de La Plata, a la familia de Dardo Rocha y a uno de los patrimonios arquitectónicos más singulares de América Latina.

La vivienda fue construida entre 1883 y 1885 para ser la residencia de Diego Pantaleón Arana, una figura central en la vida familiar de Dardo Rocha. Arana no solo era su tío, sino también su suegro, ya que era padre de Paula Arana, esposa del fundador de La Plata.

La casa respondía al estilo típico de las grandes residencias de la época: amplios ambientes, habitaciones distribuidas alrededor de un patio central, galerías, pisos calcáreos y techos altos que hablaban del esplendor de aquellos primeros años de la nueva capital bonaerense.

Pero su rasgo más extraordinario llegaría poco después.

En 1887, durante un viaje por Europa y Oriente, Dardo Rocha visitó Granada y quedó profundamente impactado por la belleza de la Alhambra, especialmente por su famoso Patio de los Leones, una de las máximas expresiones del arte nazarí.

Sabía además que Diego Pantaleón Arana admiraba especialmente aquella arquitectura andalusí. Entonces decidió obsequiarle algo verdaderamente excepcional: una réplica inspirada en ese patio para su residencia platense.

No fue una simple inspiración decorativa.

Rocha mandó traer desde España los moldes originales de yesería utilizados para reproducir los detalles ornamentales. En abril de 1889 llegaron al puerto de Buenos Aires las famosas siete cajas procedentes de Granada, que contenían las matrices necesarias para recrear aquel universo morisco en pleno corazón de La Plata.

Entre 1889 y 1891, bajo la dirección del artista español Ángel Pérez Muñoz, se concretó la construcción del famoso patio nazarí.

El resultado fue deslumbrante: delgadas columnas, arcos de mocárabes, yeserías minuciosamente trabajadas, galerías ornamentadas y un lucernario superior que permite el ingreso de la luz como en los antiguos palacios granadinos.

Muchos especialistas consideran que se trata de una de las mejores réplicas históricas del Patio de los Leones fuera de España, e incluso una de las pocas de este tipo en toda América Latina.

Existe además una versión casi legendaria: una vez terminada la obra, los moldes originales habrían sido destruidos para evitar futuras copias.

La Casa Arana también tuvo un fuerte valor simbólico para el fundador de la ciudad. Durante sus visitas a La Plata, Dardo Rocha solía alojarse allí junto a su familia, especialmente en fechas significativas como los aniversarios fundacionales del 19 de noviembre.

Investigadores platenses recuerdan incluso que, tras uno de sus regresos desde Europa, vecinos se congregaron frente a la casa para saludarlo y Rocha debió salir al balcón a responder aquella ovación popular.

No era solo una residencia familiar: era también un punto de encuentro social y político de la elite fundacional platense.

Con el paso del tiempo, la Casa Arana fue reconocida como Bien Patrimonial del Casco Fundacional y declarada de interés histórico y arquitectónico por su enorme valor cultural.

Sin embargo, también sufrió años de abandono, filtraciones, deterioro estructural e incluso incendios parciales que pusieron en riesgo su conservación.

Mantener una propiedad de semejante dimensión y complejidad arquitectónica no resulta sencillo, y durante años su futuro quedó envuelto en la incertidumbre.

Aun así, sigue en pie. Silenciosa. Resistiendo.

Miles de platenses pasan todos los días frente a esa fachada sin imaginar que detrás de esa puerta antigua se esconde una pequeña Alhambra.

Una rareza arquitectónica nacida del afecto familiar, del refinamiento estético de Dardo Rocha y del deseo de traer un pedazo de Granada a la ciudad recién nacida.

La Casa Arana no es solamente una casa antigua. Es uno de esos secretos que hacen de La Plata una ciudad única, donde la historia todavía respira detrás de cada puerta cerrada.

Eduardo Finocchi 4/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com

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