La historia de la Confitería París se remonta a 1906, cuando Don Eduardo Gendou abrió sus puertas en la calle 7 entre 54 y 55, en un local lindante a lo que hoy conocemos como la tradicional Óptica Bermúdez. En aquellos años fundacionales, la ciudad aún buscaba consolidar sus costumbres, y espacios como este se convertían en verdaderos puntos de encuentro social.
El recorte periodístico que acompaña esta memoria no es solo una publicidad: es un documento vivo. Allí puede apreciarse el salón tal como lucía en sus inicios, colmado de hombres de traje, sombreros elegantes y conversaciones que seguramente mezclaban política, cultura y la vida cotidiana. Como detalle fascinante, en la parte superior izquierda se distingue un pequeño escenario: allí actuaban orquestas en vivo, aportando una banda sonora a las noches platenses que hoy solo podemos imaginar.
Este origen temprano desmiente una idea bastante difundida: la Confitería París no tenía apenas unas décadas de historia, sino que su trayectoria comenzaba mucho antes, en los albores mismos de la ciudad moderna.
Con el paso del tiempo, el emprendimiento creció y se trasladó a la esquina de 7 y 54, donde hoy funciona la Farmacia Zorich. Sus nuevos dueños tomaron una decisión que hoy podríamos llamar patrimonial: conservar el frente original, respetando la identidad arquitectónica que ya formaba parte del paisaje urbano.
Más adelante, la confitería amplió su presencia instalándose también en 7 y 49, llegando a funcionar simultáneamente en ambas direcciones. Fue en este último local donde finalmente se apagaron las luces de una historia que había acompañado a generaciones de platenses.
Tras su partida del local de 7 y 54, otro nombre ocuparía ese espacio: la Confitería Cabildo, continuando —a su manera— con la tradición de los cafés como centros de encuentro.
Hablar de la Confitería París es hablar de una ciudad en formación, de sus hábitos sociales, de sus noches animadas y de sus silencios elegantes. Es recordar que antes de los celulares y las prisas, existían mesas compartidas, música en vivo y miradas cómplices.
Quizás por eso, al observar aquella vieja imagen, uno no solo ve un café: ve a La Plata aprendiendo a ser la capital bonaerense que es hoy.
Eduardo Finocchi 5/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
* Recorte:Colección Willy Dante

