Pocos platenses saben que nuestra ciudad estuvo a punto de sumar una de las obras monumentales más impactantes de su historia: un gigantesco Arco del Triunfo que debía levantarse en la actual Plaza Olazábal, en la esquina de 7 y 38.
La idea no era menor. No se trataba simplemente de un
monumento decorativo, sino de una verdadera construcción monumental pensada
para convertirse en una de las postales más imponentes de la ciudad.
El proyecto fue concebido durante los años del peronismo,
cuando La Plata había pasado a llamarse oficialmente Ciudad Eva Perón, y
buscaba rendir homenaje a Juan Domingo Perón dentro de una visión
arquitectónica grandiosa y simbólica.
Su nombre oficial sería “Arco
de la Unidad Nacional”, aunque popularmente quedó en la memoria como el
Arco del Triunfo platense.
La estructura tendría entre 27 y 30 metros de altura y más de
10 metros de ancho, inspirándose en los grandes arcos romanos clásicos. Pero no
sería solo un arco monumental: incluía subsuelo, planta baja, tres pisos
superiores, salones interiores, sanitarios y hasta una terraza mirador.
Es decir, no era simplemente una obra ornamental, sino un
edificio habitable de carácter institucional y ceremonial.
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto era su
programa escultórico. En sus fachadas se proyectaban enormes relieves que
contarían una versión oficial de la historia argentina.
Entre las escenas previstas figuraban:
- la
fundación de Buenos Aires
- la
Revolución de Mayo
- la
Conquista del Desierto
- la
Revolución de 1943
- el
rescate de Perón desde la isla Martín García
- el
17 de Octubre de 1945
- la
elección presidencial de Perón
- los
trabajadores rodeando al líder
- la
justicia social
- la
independencia económica
- la
soberanía política
Todo ello convertía al monumento en una verdadera declaración
política en piedra.
El proyecto avanzó de manera concreta. Hubo decretos
oficiales, contratos firmados y hasta una comisión honoraria encargada de
supervisar la obra. También se realizó una maqueta en yeso que fue presentada
públicamente.
La firma constructora involucrada era Luis Barra SRL y
participaba además el escultor italiano Leone Tomassi, reconocido por su
trabajo en grandes monumentos de la época.
Todo indicaba que la obra avanzaría.
Pero septiembre de 1955 cambió la historia.
El derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Domingo
Perón por la autodenominada Revolución Libertadora no solo frenó este proyecto,
sino que impulsó una fuerte política de eliminación de toda simbología
vinculada al peronismo.
La ciudad dejó de llamarse Ciudad Eva Perón para recuperar su
nombre original de La Plata y el Arco de la Unidad Nacional quedó sepultado
entre planos, maquetas y decretos olvidados.
Nunca se construyó. Hoy miles de platenses cruzan Plaza
Olazábal sin imaginar que allí pudo haberse levantado una de las estructuras
más monumentales de la ciudad, comparable visualmente con los grandes arcos
triunfales europeos.
De haberse concretado, seguramente sería una de las imágenes
más emblemáticas de La Plata.
Pero quedó en el terreno de las posibilidades perdidas, como
una de esas historias urbanas que sobreviven apenas en documentos y en la
memoria de quienes aún se preguntan cómo habría cambiado el paisaje platense si
aquel enorme arco hubiera llegado a existir.
Porque a veces, la historia de una ciudad también se escribe
con aquello que nunca llegó a construirse.
Eduardo Finocchi 4/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
