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Alaska: cuando en La Plata podíamos patinar sobre hielo

  


Hubo una época en que, en pleno centro de La Plata, se podía patinar sobre hielo. En la calle 46 entre 10 y 11.

Allí funcionó durante buena parte de los años ochenta una pista llamada Alaska, uno de esos lugares que parecen sacados de otra ciudad, de otra época… o incluso de otra latitud.

Porque patinar sobre hielo en La Plata —una ciudad de veranos húmedos y pegajosos— tenía algo de pequeño milagro.

Un invierno artificial en pleno centro.

Anteriormente hubo una primera y pequeña pista de hielo llamada “Pillincó” en calle 54 e/10 y 11, pero un día por la idea de dos empresarios de la carne, Un tal Laitú y el famoso proveedor del estado Bianchi, de 38 y 16, apareció ALASKA.

Era una pista extraordinaria para patinar sobre hielo y con las medidas profesionales para disputar partidos de Hockey profesional.

Tuve la oportunidad de trabajar allí, representando a la empresa BRAMCO SA que obtuvo la concesión del Buffet, que me lo dejarían con el tiempo.

Y por contactos con los patinadores profesionales locales, pude organizar el primer y único partido de hockey profesional que se jugó en La Plata.

Desde la vereda nadie imaginaba demasiado lo que había adentro. Era un local grande, con una entrada discreta sobre la calle 46. Pero al atravesar la puerta se sentía inmediatamente el cambio de clima.

El aire era frío. El piso brillaba blanco bajo las luces.

Adelante el bufete con varias y acogedoras mesas y en el fondo, del impresionante salón aparecían los 800 mts cuadrados de la inmensa pista.

Era lo suficientemente amplia como para que decenas de jóvenes giraran alrededor mientras sonaba música fuerte.

Una baranda metálica rodeaba todo el perímetro. Era el refugio natural de los principiantes, porque casi nadie sabía patinar.

La experiencia empezaba en un pequeño mostrador donde se alquilaban los patines. Te daban un par pesado, con cuchillas brillantes, y te sentabas en un banco a ajustarlos con cierta desconfianza.

Después venía el momento de la verdad. El primer paso sobre el hielo. Los que ya tenían algo de práctica salían disparados al centro de la pista.

Los demás avanzaban pegados a la baranda, con movimientos torpes, tratando de mantener el equilibrio.

Las caídas eran inevitables. Pero también eran parte del ritual.

Alaska no era solo deporte. Allí los jóvenes y hasta mis hijos disfrutaron lo mágico del hielo.

En los parlantes sonaban hits internacionales y música pop de los 80, mientras las luces de colores se reflejaban sobre la superficie helada.

Algunos iban a patinar. Otros simplemente a mirar, encontrarse o pasar la tarde.

Era un lugar donde se mezclaban estudiantes secundarios, parejas jóvenes y familias con niños que querían probar algo completamente nuevo para la ciudad.

Como muchas pistas de hielo de aquella década, Alaska no duró demasiado. Mantener el frío en un país con crisis energética y problemas económicos era caro. Las máquinas consumían mucha electricidad y el negocio empezó a volverse cada vez más difícil. Las pistas de hielo habían tenido un pequeño boom en Argentina en los años 80, pero con el tiempo fueron desapareciendo.

Y así, casi sin despedida, Alaska cerró sus puertas. El hielo desapareció. Los patines dejaron de sonar. Y el local cambió de destino.

Los años pasaron, el edificio fue transformándose y finalmente en ese mismo terreno se levantó un complejo de salas cinematográficas, que hoy conocemos como Cinema Paradiso, en la misma cuadra de La Plata.



Donde antes había una pista helada y adolescentes tratando de no caerse, hoy hay pantallas gigantes, butacas y películas. Un recuerdo extraño y hermoso donde muchos platenses pasan hoy por esa cuadra sin saberlo.

Pero quienes fueron jóvenes en los años ochenta todavía recuerdan aquella rareza urbana: una pista de hielo en el corazón de la ciudad. Porque durante un tiempo breve en La Plata existió un pequeño pedazo de invierno.

Y se llamaba Alaska.


Eduardo Finocchi / 3-2026   -   https://historiasendiagonal.blogspot.com

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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