Hay objetos que no hacen ruido, que no protestan, que no piden nada… pero igual cuentan historias.
En
La Plata todavía sobreviven seis de esos testigos silenciosos: los viejos
buzones de correo, esos cilindros metálicos que durante décadas fueron parte de
la vida cotidiana de la ciudad.
Hoy
casi nadie los mira.
Pero
hubo un tiempo en que eran protagonistas.
Los
primeros buzones llegaron desde Europa, la mayoría desde Inglaterra, a fines
del siglo XIX.
Corría
el año 1892 cuando comenzaron a instalarse en la joven ciudad, apenas fundada
diez años antes.
Eran
sólidos, pesados, elegantes.
De
hierro, con bocas estrechas y cerraduras robustas, pensados para custodiar algo
que entonces era valioso: las palabras escritas a mano.
Porque
antes del teléfono masivo, antes del correo electrónico, antes del celular… todo
viajaba en una carta.
Noticias
de trabajo.
Cartas
de amor.
Telegramas
urgentes.
Saluditos
de cumpleaños.
Cartas
familiares que demoraban días… pero que se esperaban con ansiedad.
Los
buzones eran, en cierto modo, pequeñas puertas hacia otros destinos.
Su
momento de esplendor llegó en la década del 40.
En toda la Argentina había alrededor de 2.300 buzones.
Era
una red silenciosa que conectaba ciudades, pueblos y barrios.
En
La Plata, los carteros recorrían las calles varias veces al día.
Abrían el buzón, sacaban el contenido, lo colocaban en sacas de cuero y lo
llevaban al correo central.
La
gente confiaba en ese ritual.
Las
cartas salían… y llegaban.
Los
seis sobrevivientes
Hoy,
apenas seis buzones resisten en la ciudad:
- 8 y 34
- 6 y 50
- 7 y 61
- 16 y 47
- 51 y 21
- 1 y 36
Son
los últimos testigos de una época en la que escribir era un acto cotidiano.
Muchos
platenses pasan por su lado sin saber que están viendo piezas instaladas desde
los primeros años de la ciudad.
Hierro
envejecido.
Pintura
gastada.
Pero
historia intacta.
Con
el paso del tiempo, el teléfono primero y la tecnología después los fueron
dejando en desuso.
Ya
en los años 90, el sistema de correspondencia cambió definitivamente y los
buzones quedaron como piezas casi decorativas.
Pero
no son simples adornos.
Por
eso, mediante una Ley provincial, los seis buzones fueron declarados patrimonio
cultural de la provincia de Buenos Aires.
Lo curioso es que quien impulsó la protección de los buzones platenses no era un legislador de La Plata. El proyecto fue presentado por el senador bonaerense Patricio Antonio García, representante de la Cuarta Sección Electoral y dirigente peronista del interior provincial, con fuerte vínculo político con la ciudad de Junín.
Desde su mirada, aquellos buzones no eran simples piezas de hierro en desuso, sino parte de la memoria urbana bonaerense. Gracias a esa iniciativa, en 2018 la Legislatura provincial sancionó la Ley 15.069 y los viejos buzones de La Plata quedaron protegidos como patrimonio histórico y cultural.
La
decisión buscó protegerlos del abandono y del vandalismo, y reconocerlos como
parte de la memoria urbana.
Porque
cada uno de ellos fue testigo de miles de historias: amores que empezaban, despedidas, noticias esperadas, palabras que viajaban con
esperanza.
A
veces, al pasar frente a uno de estos viejos cilindros, uno puede imaginar la
escena:
Una
señora doblando con cuidado una carta.
Un
estudiante escribiendo a sus padres.
Un
novio nervioso dejando un sobre perfumado.
Un
cartero abriendo la tapa metálica con una llave pesada.
Hoy
casi nadie deposita cartas allí.
Pero
los buzones siguen de pie.
Quietos.
Silenciosos.
Esperando.
Como
si todavía creyeran que, en cualquier momento, alguien volverá a acercarse…
con
una carta escrita a mano.
Eduardo Finocchi / 3-2026
https://historiasendiagonal.blogspot.com
Historia de los seis buzones históricos de La Plata:
https://historiasendiagonal.blogspot.com/2026/03/historia-de-los-seis-buzones-historicos.html
