
En tiempos donde todavía no existía la autopista y viajar
entre La Plata y Buenos Aires demandaba paciencia y varias horas de camino, los
antiguos servicios de ómnibus cumplían un papel fundamental para miles de
pasajeros.
Uno de ellos fue el recordado “Expreso Buenos Aires”, una
empresa que ya en la década de 1930 conectaba diariamente nuestra ciudad con la
Capital Federal y que formó parte de la vida cotidiana de muchísimos platenses.
Una publicidad aparecida en los diarios el 4 de octubre de
1935 anunciaba:
“Expreso Buenos Aires. A partir de la fecha los pulman de
esta empresa que llegan a Constitución por calle Lima y Constitución (al lado
de la iglesia)”.
El aviso además detallaba algo que hoy sorprende: la enorme
frecuencia del servicio.
Desde La Plata el primer coche partía a las 5:30 de la mañana
y el último salía a la 1 de la madrugada. Desde Constitución ocurría algo
similar: el primer servicio arrancaba a las 5:30 y el último a las 2 de la
mañana.
Aquello demuestra el intenso movimiento que ya existía entre
ambas ciudades hace más de 90 años. Empleados, comerciantes, estudiantes,
viajeros y familias utilizaban diariamente estos expresos para trasladarse
entre la capital provincial y Buenos Aires.
La publicidad utilizaba la palabra “pulman”, una forma
elegante de destacar que las unidades eran más cómodas y modernas que los
colectivos comunes. El término provenía de los famosos coches Pullman
ferroviarios, asociados al confort y al viaje de categoría.
Muchos de aquellos vehículos tenían aspecto de pequeños
ómnibus carrozados sobre chasis de camión, con enormes guardabarros, parrillas
cromadas y techos altos. Viajar en ellos era toda una experiencia.
Pero además de la historia y los datos, estos viejos expresos
también despiertan recuerdos profundamente personales.
Siempre viene a mi memoria mi tío Toto Morel, gran conductor
del Expreso Buenos Aires. De chico yo vivía en Santa Rosa, La Pampa, en una
ciudad mucho más tranquila que la actual, donde por entonces ni siquiera
existían micros comunes como los que hoy conocemos.
Y un día apareció aquel enorme micro del Expreso. Fue todo un
acontecimiento. Recuerdo la sorpresa de verlo llegar, imponente, llamando la
atención de todos. Pero lo más emocionante ocurrió cuando comenzaron a bajar
mis familiares maternos que venían desde La Plata.
Para un chico, aquello parecía algo gigantesco y mágico. Ver
llegar semejante vehículo y descubrir que de allí descendía toda la familia fue
una escena imposible de olvidar. Un recuerdo que todavía hoy sigue intacto.
Un viaje muy distinto al actual
En aquellos años no existía la actual Autopista Buenos
Aires–La Plata. Los viajes se realizaban por caminos mucho más angostos y
lentos, atravesando distintas localidades y zonas rurales.
Dependiendo del clima y del estado del camino, el trayecto
podía extenderse bastante más de lo habitual. Sin embargo, para la época
representaba un avance enorme frente a otros medios de transporte.
Los expresos comenzaron a competir directamente con el tren
del Ferrocarril Sud, ofreciendo horarios amplios y mayor flexibilidad para los
pasajeros.
El aviso mencionaba como parada la esquina de Lima y
Constitución, “al lado de la iglesia”. Esa zona ya era por entonces uno de los
mayores centros de movimiento de pasajeros del país, gracias a la histórica
estación ferroviaria de Constitución.
Miles de personas llegaban allí diariamente desde distintos
puntos de la provincia y del interior bonaerense.
Hoy resulta difícil imaginar aquellos viajes nocturnos
saliendo desde una ciudad mucho más tranquila y silenciosa que la actual. Sin
embargo, estos expresos formaron parte del crecimiento y de la conexión
permanente entre La Plata y Buenos Aires.
Fueron años donde viajar tenía otro ritmo, otro paisaje y
también otro encanto. Una época en la que subir a un “pulman” rumbo a
Constitución era, para muchos platenses, casi una pequeña aventura.
Eduardo Finocchi 5/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com