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| Vitraux de Diputados |
Es una de esas leyendas urbanas que La Plata guarda con celo: la del vitraux desaparecido.
Y fue justamente una mirada detenida, nacida desde la fotografía, la que volvió a encender esa pregunta.
Como Jefe de Fotografía de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, y trabajando diariamente en el otro sector del mismo Palacio Legislativo, fui recorriendo durante años esos espacios donde la arquitectura todavía habla por sí sola.
En una de esas jornadas, mientras realizaba un registro fotográfico de los vitreaux históricos del edificio, comencé por uno de los más bellos y emblemáticos: el del Salón de los Pasos Perdidos, el gran hall de entrada de Diputados, donde la luz atraviesa los cristales de colores y transforma el espacio en una escena casi teatral.
Después de tomar esas imágenes, continué hacia el sector del Senado con la intención de fotografiar también sus vitrales.
Pero allí llegó la sorpresa.
Al levantar la vista, descubrí que los vitreaux del hall de entrada no eran vitrales traslúcidos como los de Diputados, sino paños blancos, opacos, sin color, sin transparencia y sin aquella riqueza artística que parecía natural en un edificio de semejante jerarquía arquitectónica.
Algo no cerraba.
¿Cómo podía ser que en un mismo Palacio Legislativo, construido con semejante cuidado estético, un sector conservara sus vitrales originales y el otro mostrara esa ausencia tan evidente?
Fue allí donde comenzó mi investigación.
Preguntando a empleados antiguos, revisando comentarios de pasillo y escuchando relatos que iban pasando de generación en generación, apareció una versión repetida una y otra vez: que alguna vez existió allí un gran vitraux, similar al de Diputados, y que había sido retirado para su restauración.
Algunos decían que los vidrios fueron llevados para ser limpiados y reparados; otros aseguraban que iban a ser repintados para devolverles su brillo original. Incluso había quienes sostenían que parte del trabajo ya estaba avanzado.
Pero el final de la historia se pierde en la niebla burocrática.
Los vitrales nunca regresaron.
Nadie sabe con certeza si quedaron olvidados en algún depósito oficial, si fueron dañados, si terminaron extraviados entre mudanzas administrativas o si simplemente el proyecto quedó atrapado en uno de esos laberintos silenciosos del Estado donde las cosas desaparecen sin explicación.
Con el paso de los años, la ausencia se volvió costumbre, y la costumbre, misterio.
Los empleados más antiguos suelen recordar haber escuchado la historia de sus propios mayores. Algunos visitantes creen que se trata apenas de una exageración nostálgica. Otros aseguran que existen viejas fotografías donde puede verse claramente aquel cielorraso iluminado por cristales de colores.
Como sucede con tantas historias platenses, la verdad parece habitar en algún punto intermedio entre el archivo perdido y la memoria oral.
La Plata, ciudad de diagonales y secretos, también construye su identidad a partir de estos relatos pequeños, casi invisibles, que sobreviven gracias al boca en boca. No todo está en los libros ni en los expedientes: muchas veces, la verdadera historia vive en la conversación de pasillo.
Y así, cada vez que alguien entra al Senado y levanta la vista hacia ese espacio vacío, vuelve la misma pregunta:
¿existió realmente aquel gran vitraux?
¿O fue simplemente una historia más nacida del encanto nostálgico de una ciudad que nunca deja de contarse a sí misma?
Tal vez algún día aparezca una fotografía, un plano olvidado o un viejo expediente que confirme la verdad.
Mientras tanto, el vitraux perdido del Senado sigue siendo eso que mejor le queda a La Plata:
un hermoso misterio sin resolver.
Eduardo Finocchi 4/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
