La joven María Angélica Barreda
vivía en La Plata, con su madre y sus hermanas, en la calle 45 número 541.
Era hija de Alberto Barreda
Hernández, profesor de gimnasia y esgrima y de Rita Fernández de Barreda, que
siendo viuda hizo grandes sacrificios para que su hija pudiera estudiar.
Primero quiso ser médica, pero carecía de medios para vivir en Buenos Aires.
Inscripta en la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, se ha
dicho que sufrió la desestima de algunos compañeros y profesores (Carlos
Octavio Bunge, Agustín Alvarez, Ernesto Quesada).
Terminó su aprendizaje en la
Universidad Nacional de La Plata, el 21 de diciembre de 1909, poco después de
cumplir los 23 años. Concluían con ella sus estudios Julio J. Aramburu, César
Díaz Cisneros, Enrique Gil y Ernesto Larrain.
Retiró su diploma (firmado por Joaquín
V. González y Rodolfo Rivarola) de manos del Presidente de la UNLP en la misma
sala de la Presidencia, el 28 de diciembre de 1909.
Fue dueña de una larga carrera en la que participó en más de 500 juicios. Además, se formó como traductora en varios idiomas: inglés, francés, italiano y portugués.
También fue una
activista en la lucha por los derechos de la mujer y participó en la Asociación
de Universitarias Argentinas. Justamente, una de sus frases más resonantes
tiene que ver con esta reivindicación: “No se puede volver atrás para destruir
una conquista. La mujer ha ganado su puesto y nadie puede estorbarle el paso”.
A lo largo de su vasta
trayectoria, Barreda fue jefa de asuntos legales de la Dirección General de
Escuelas de la Provincia de Buenos Aires. Se retiró del ejercicio profesional
en 1952 y falleció en La Plata, el 21 de julio de 1963.
