.

“Los fantasmas del Museo de La Plata: voces que aún reclaman memoria”



Trabajadores nocturnos del Museo de La Plata narran desde hace décadas fenómenos inexplicables: pasos en los pasillos, puertas que se cierran solas y voces en lenguas que ya no se escuchan. Las historias apuntan siempre a las mismas presencias: el cacique Modesto Inacayal y otros espíritus ligados a los restos humanos que el museo albergó durante más de un siglo.

En el corazón del Bosque platense, el Museo de Ciencias Naturales convive con un pasado marcado por la violencia hacia los pueblos originarios. Entre restituciones de restos, archivos incompletos y testimonios que se repiten, crece el mito de que las noches del museo no están del todo vacías.

Un edificio imponente con un eco inquietante

Cuando cae el sol sobre el Bosque y el público se retira, las puertas del Museo de La Plata no quedan en silencio. En los pasillos, según cuentan vigilantes y trabajadores nocturnos, se escuchan ruidos que no provienen de pasos humanos ni del viento. Son golpes secos, murmullos, arrastres. Y sobre todo, voces.

“Como si hablara alguien en una lengua antigua”, dice un sereno con diez años de turno nocturno. No quiere dar su nombre, pero asegura que más de una vez pidió cambiar de sector tras vivir episodios que no puede explicar.

Inacayal: entre la historia y la leyenda

La figura del cacique tehuelche Modesto Inacayal, llevado al museo como prisionero y muerto allí en circunstancias nunca totalmente esclarecidas, es el centro de la mayoría de los relatos. Su espíritu, dicen, recorre los laboratorios y el subsuelo donde alguna vez se guardaron restos de cientos de personas indígenas.

Hubo una restitución formal de sus restos en los años noventa, pero los episodios paranormales siguieron apareciendo en los testimonios. “El museo todavía debe mucho a los pueblos originarios”, explica un antropólogo de la UNLP. “Las leyendas son el eco de esa deuda histórica.”

Un segundo nombre en las sombras: Gabino

No todo apunta a Inacayal. En los turnos nocturnos circula también el nombre de Gabino, un personaje cuya historia se mezcla con rumores, silencios y archivos incompletos. Se lo vincula a antiguas colecciones humanas del museo, aunque no existe documentación clara de su identidad.

Algunos trabajadores afirman haber escuchado, más de una vez, un susurro: “Pasá, Gabino.”

Una frase sin destinatario visible, pronunciada en sectores donde no hay nadie.

Golpes, puertas y el “malón del subsuelo”

El subsuelo del museo concentra la mayor cantidad de relatos. Allí, años atrás, se almacenaron restos humanos provenientes de campañas militares del siglo XIX. Varios serenos relatan que, en algunas madrugadas, sienten una presión en el aire, como si algo se moviera antes de que las luces parpadeen.

Un tío mío, fallecido ya, (TM) fue personal allí y recuerdo que en un tiempo pidió pasar al turno diurno porque: “No era miedo a morir… era miedo a sentir que no estaba solo.”

Entre el mito y la memoria

Especialistas en antropología y museología coinciden en que estas narraciones no deben verse solo como historias de fantasmas, sino como expresiones culturales y simbólicas de un pasado que todavía interpela al museo.

“Los fantasmas son una forma de hablar del dolor, de la violencia y de lo que no se dijo”, explica una investigadora. “Si Inacayal vuelve en relatos, es porque aún esperamos respuestas.”

Una institución que cambió su propio rumbo

En las últimas tres décadas, el Museo inició políticas de restitución de restos humanos a comunidades originarias. Ese proceso, complejo y todavía en marcha, marcó un giro en la forma en que la institución interpreta su propia historia.

Pese a ello, las anécdotas no cesan. Y muchos trabajadores, incluso sin creer en lo sobrenatural, admiten que hay rincones donde nadie quiere quedarse solo.

Por Eduardo Finocchi / 11-2025

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit