Robert James Fischer, más conocido como Bobby Fischer (nacido en Estados Unidos en 1943 y fallecido en Islandia en 2008) fue un gran maestro internacional de ajedrez, campeón mundial entre 1972 y 1975. Obtuvo el título máximo del “juego ciencia” al vencer al soviético Borís Spassky en el llamado “Encuentro del Siglo” en 1972.
Sin embargo, después de lograr el título, no volvió a jugar
nunca más en torneos internacionales. Su país dictó orden de búsqueda y captura
contra él en 1992 por haber jugado otro encuentro contra Borís Spaski en Sveti
Stefan (Yugoslavia, país contra el cual Estados Unidos había decretado un
bloqueo) y más tarde revocó su pasaporte.
En julio de 2004, Fischer fue detenido en el aeropuerto de
Tokio por intentar salir del país utilizando un pasaporte no válido; fue
liberado ocho meses después y autorizado a viajar a Islandia, país que le
concedió la ciudadanía y en el que murió tres años después.
La breve reseña del controvertido ajedrecista estadounidense
sirve para marcar sus dos presencias en nuestra ciudad, la primera en 1970
cuando era una de las máximas figuras del ajedrez internacional y se hallaba
próximo a alcanzar el título mundial; y la segunda, en 1996, cuando su
personalidad se había enrarecido a un nivel que lo llevó, según muchos, al
borde mismo de una posible insania mental.
El 20 de agosto de 1970 se presentó elegantemente vestido y
con extremas jovialidad y simpatía en la sede social de Estudiantes de La Plata
en donde daría una conferencia y jugaría partidas simultáneas con los mejores
ajedrecistas de nuestra ciudad.
Mucho público, en su mayoría cultores locales del ajedrez, lo
esperaba en la sede estudiantil. A su llegada saludó a muchos y recibió decenas
de autógrafos.
Seguidamente brindó, con un traductor, una conferencia en la
que destacó las virtudes del ajedrez en el desarrollo de las mentes de los
niños, manifestándose a favor de su enseñanza a nivel escolar. Respondió
algunas de las preguntas del público y de periodistas presentes.
Unos minutos después, en el gimnasio de la institución, el
visitante disputó partidas simultáneas con ansiosos ajedrecistas locales que se
iban a medir con uno de los más grandes exponentes mundiales de la especialidad
y para lo cual se habían venido preparado durante mucho tiempo.
El acontecimiento tuvo finalmente un resultado que generó una
gran sorpresa, porque Bobby perdió contra tres rivales. Por la noche participó
de un agasajo que le brindó el Club.
Uno de los que los venció y que con los años se convertiría
en gran maestro internacional, el conocido platense Carlos García Palermo
recordó en una entrevista que "tal vez Fischer no tuvo un feliz día; en
esa exhibición también perdió otras dos partidas, ante Jorge Barros y el
“Gallego” Fernández. Tengo fresco el recuerdo del momento de su abandono. Tiró
el rey y me saludó. Luego nos volvimos a ver un año más tarde en otro
contemporáneo".
Veinte y seis años después, el 11 de julio de 1996, regresó a La Plata, visitó la Casa de Gobierno acompañado por el entonces mandatario provincial Eduardo Duhalde, en el marco de la presentación y el anuncio internacional de la creación de una variante del ajedrez concebida por él, conocida como Fischerandom Chess o “ajedrez aleatorio de Fischer”, una variación al juego tradicional que había pergeñado para hacerle frente al avance de las supercomputadoras, según explicó.
En esta ocasión brindó una conferencia de prensa en el Pasaje
Dardo Rocha. Su apariencia no lucía el mismo brillo con que se lo recordaba en
los '70. Tenía barba y un aspecto muy descuidado, que tal vez preanunciaba el
ocaso de su carrera.
Fischer llegó con 40 minutos de retraso y se mostró tan
incómodo e irritable durante el encuentro que, pese a tener ya las partidas
simultáneas anunciadas, el torneo de maestros previsto para el día siguiente se
tuvieron que suspender.
El auditorio no llegaba a treinta personas y dos fotógrafos.
García Palermo asistió a la charla y más tarde recordaría sobre ese día que
Fischer estaba “muy incordioso, muy obsesivo”, lo que se hizo evidente durante
la hora y cuarto que duró aquella presentación.
Vestido con saco y corbata verde y un rostro serio, de ojos
cansados, Bobby sólo se limitó a explicar el reglamento de su nuevo juego y se
negó a responder preguntas que no fueron por escrito. Le molestaban los flashes
de las únicas dos cámaras fotográficas que había en el salón y parecía molesto
con su propia traductora, a quien miraba con mala cara y corregía incluso en un
castellano inentendible.
