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Historias que resisten: una visita al corazón obrero de La Plata

 



Caminé por la calle 51, entre 3 y 4, hasta llegar a la vieja casona silenciosa. Fui por la presentación del libro “Impronta”, que repasa la vida de quien fue mi amigo, Miguel Pelatti —exsecretario general de la seccional La Plata del SATSAID y dirigente de la CGT—, pero terminé encontrándome con algo mucho más profundo.

La casa, con su aire detenido en el tiempo, parecía observar a quienes entrábamos. Había movimiento, voces, el encuentro alrededor del libro… pero también algo más difícil de nombrar, una presencia que no se ve, pero se siente. Y ahí entendí esa frase que acompaña al lugar: hay historias que no están en la historia, que solo sobreviven en los objetos, en las imágenes y en la memoria de quienes las vivieron.

El Museo de los Trabajadores “Evita”, Inaugurado formalmente en 2004, que funciona en esa casona, y que alberga un acervo superior a mil piezas, no es un museo tradicional. Es una casa con memoria. En sus salas —hoy cerradas por refacciones— se reúnen más de mil piezas que reconstruyen la historia del peronismo, del movimiento obrero y de la vida cotidiana de los trabajadores. Pero no lo hacen de manera fría ni distante: lo hacen desde lo humano.

Mientras avanzaba por el lugar, entre charlas y recuerdos que iban surgiendo, era inevitable imaginar lo que esas paredes habían sido. Porque esa misma casa fue refugio en tiempos de persecución, espacio de organización clandestina, punto de encuentro cuando la militancia estaba prohibida. No es solo un edificio: es un testigo.

Me impactó especialmente esa mezcla entre lo íntimo y lo colectivo. Una campera, una fotografía, un objeto doméstico, un documento… cada elemento parecía contar una historia mínima que, al juntarse con otras, construye algo mucho más grande. Incluso lo que falta —lo que fue robado, lo que se perdió— también habla.

La presentación del libro terminó siendo apenas la puerta de entrada. Afuera, la noche caía sobre La Plata; adentro, el tiempo parecía superponerse. Pensé en las generaciones que pasaron por ahí, en las luchas, en las esperanzas, en las derrotas y en las resistencias.

Hoy el museo con su directora y responsable principal, la gestora cultural y exdirigente gremial Mónica Labarthé, esperan su reapertura, en medio de trabajos que buscan devolverle su esplendor. Pero hay algo que no necesita restauración: su espíritu. Ese sigue intacto, aferrado a las paredes, a la historia y a quienes todavía lo sostienen.

Salí de la casona con una sensación difícil de explicar: una mezcla de melancolía, respeto y cierta emoción silenciosa. Porque hay lugares que no solo se recorren… se quedan con uno, mucho después de haberlos dejado atrás.

Eduardo Finocchi 5/2026

https://historiasendiagonal.blogspot.com

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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