La casa, con su aire detenido en el tiempo, parecía observar
a quienes entrábamos. Había movimiento, voces, el encuentro alrededor del
libro… pero también algo más difícil de nombrar, una presencia que no se ve,
pero se siente. Y ahí entendí esa frase que acompaña al lugar: hay historias
que no están en la historia, que solo sobreviven en los objetos, en las
imágenes y en la memoria de quienes las vivieron.
El Museo de los Trabajadores “Evita”, Inaugurado formalmente
en 2004, que funciona en esa casona, y que alberga un acervo superior a mil
piezas, no es un museo tradicional. Es una casa con memoria. En sus salas —hoy
cerradas por refacciones— se reúnen más de mil piezas que reconstruyen la
historia del peronismo, del movimiento obrero y de la vida cotidiana de los
trabajadores. Pero no lo hacen de manera fría ni distante: lo hacen desde lo
humano.
Mientras avanzaba por el lugar, entre charlas y recuerdos que
iban surgiendo, era inevitable imaginar lo que esas paredes habían sido. Porque
esa misma casa fue refugio en tiempos de persecución, espacio de organización
clandestina, punto de encuentro cuando la militancia estaba prohibida. No es
solo un edificio: es un testigo.
Me impactó especialmente esa mezcla entre lo íntimo y lo
colectivo. Una campera, una fotografía, un objeto doméstico, un documento… cada
elemento parecía contar una historia mínima que, al juntarse con otras,
construye algo mucho más grande. Incluso lo que falta —lo que fue robado, lo
que se perdió— también habla.
La presentación del libro terminó siendo apenas la puerta de
entrada. Afuera, la noche caía sobre La Plata; adentro, el tiempo parecía
superponerse. Pensé en las generaciones que pasaron por ahí, en las luchas, en
las esperanzas, en las derrotas y en las resistencias.
Hoy el museo con su directora y responsable principal, la
gestora cultural y exdirigente gremial Mónica Labarthé, esperan su reapertura,
en medio de trabajos que buscan devolverle su esplendor. Pero hay algo que no
necesita restauración: su espíritu. Ese sigue intacto, aferrado a las paredes,
a la historia y a quienes todavía lo sostienen.
Salí de la casona con una sensación difícil de explicar: una
mezcla de melancolía, respeto y cierta emoción silenciosa. Porque hay lugares
que no solo se recorren… se quedan con uno, mucho después de haberlos dejado
atrás.
Eduardo Finocchi 5/2026
https://historiasendiagonal.blogspot.com
