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La Legión: el colegio donde media ciudad de La Plata aprendió a crecer

 


En la esquina de 12 y 60, frente a los árboles de Plaza Máximo Paz, hay un edificio que para generaciones enteras de platenses significa mucho más que una escuela. La vieja “Legión” —como todos la llamaron siempre— fue durante décadas un pequeño universo adolescente donde convivieron amistades eternas, primeros amores, discusiones políticas, sueños juveniles y miles de historias mínimas que todavía hoy siguen vivas en la memoria de la ciudad.

El edificio apareció a comienzos de los años 60, cuando La Plata crecía y necesitaba nuevas escuelas secundarias. Oficialmente era la Escuela “España”, pero casi nadie la llamaba así. Muy pronto empezó a conocerse como “La Legión Extranjera”, porque llegaban alumnos de todos lados: del centro, de Tolosa, de Berisso, de Ensenada, de Los Hornos, de Villa Elvira. Chicos que no habían conseguido vacante en otros colegios y terminaban compartiendo aulas, recreos y aventuras en aquella esquina inmensa de barrio y avenida.

Con el tiempo, el apodo quedó reducido simplemente a “La Legión”. Y así quedó para siempre en el corazón platense.

Había algo especial en ese colegio. Tal vez era el movimiento permanente sobre calle 60. O la sombra de los plátanos en invierno. O ese hall enorme donde resonaban las voces de cientos de estudiantes entrando a clases. La Legión tenía alma de escuela pública grande, intensa, ruidosa, viva. Cada turno parecía una ciudad distinta.

Muchos recuerdan el sonido de las tizas sobre el pizarrón, los guardapolvos mezclados con camperas de jean en los años 80, las carpetas forradas con fotos de bandas de rock nacional y las largas charlas apoyados contra las paredes de Plaza Máximo Paz después de la salida.

La Legión también fue reflejo de la historia argentina. Allí pasaron generaciones atravesadas por distintas épocas del país: los años de esperanza desarrollista, los tiempos oscuros de la dictadura, el regreso de la democracia, las movilizaciones estudiantiles y las transformaciones culturales que marcaron a cada camada de alumnos.

Por sus aulas circularon miles de historias anónimas: el compañero que tocaba la guitarra en los recreos, la profesora estricta pero querida, el preceptor que conocía a todos por el apellido, las corridas antes de que sonara el timbre y las primeras miradas enamoradas que parecían durar para siempre.

Hoy, el edificio sigue allí. Las paredes cambiaron, aparecieron murales y graffitis, las generaciones se renovaron y la ciudad creció alrededor. Pero para muchísimos platenses, pasar por 12 y 60 sigue despertando algo difícil de explicar: la sensación de volver, aunque sea por un instante, a aquella edad donde el futuro todavía parecía inmenso.

Porque algunas escuelas enseñan materias.

Y otras, como La Legión, terminan enseñando una forma de recordar la juventud.

Eduardo Finocchi  5/2026   -   https://historiasendiagonal.blogspot.com

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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