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El banco de Borges en Ringuelet

 



Hay un banco de piedra, color manteca, en una casa de singular arquitectura que se levanta sobre la calle 7, entre 516 y 517, en el barrio de Ringuelet. A simple vista es apenas un detalle arquitectónico, uno más entre las casas bajas y silenciosas de la zona. Pero para los vecinos más memoriosos, ese banco guarda una historia literaria íntima y poco conocida.

Cuentan que allí solía sentarse Jorge Luis Borges junto a su primera esposa, Elsa Astete Millán, vecina del barrio. Borges la conocía desde su juventud y retomó el vínculo décadas más tarde, cuando ya era una figura central de la literatura argentina y universal. Durante esos años, y con la vista casi perdida, el escritor visitaba Ringuelet con frecuencia.

El banco, ubicado al frente de la vivienda, se convirtió —según la tradición oral del barrio— en un punto de encuentro cotidiano. No era un espacio de discursos ni de gestos grandilocuentes. Era, más bien, un lugar para conversar en voz baja, evocar el pasado y dejar que el tiempo pasara sin urgencias. Una escena mínima, casi invisible, pero profundamente borgiana.

No existen registros oficiales ni placas que confirmen la historia. Como ocurre con muchos relatos platenses, su fuerza reside en la memoria barrial, en lo que se transmite de boca en boca y se conserva como un secreto compartido. En una ciudad atravesada por símbolos, mitos y leyendas urbanas, estos pequeños relatos también construyen identidad.

Hoy, el banco sigue allí. Tal vez nadie se detenga a mirarlo. Pero saber que fue testigo de esas conversaciones silenciosas transforma su presencia. Porque La Plata no sólo se cuenta a través de sus grandes edificios y fechas fundacionales, sino también mediante estos gestos mínimos: un banco de piedra, un barrio, y una historia que persiste mientras alguien la recuerde.

Eduardo Finocchi / 2-2026 

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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