Entre árboles enormes, sombras largas y el rumor silencioso
de Villa Elvira, todavía resiste una de esas casas que parecen detenidas en el
tiempo.
La vieja casona de 7 y 78 no pasa inadvertida. Su entrada con
arcos, las persianas oscuras, las molduras gastadas y ese aire señorial hacen
pensar inmediatamente en otra época de La Plata: la de las quintas familiares,
las reuniones elegantes y las tardes interminables bajo los pinos.
Mucho antes de convertirse en espacio cultural, la propiedad
fue durante años escenario de fiestas inolvidables. En sus salones se
celebraron cumpleaños de quince, bodas de plata, aniversarios y encuentros
familiares que muchos vecinos todavía recuerdan con nostalgia.
Había algo especial en llegar a esa casa.
Tal vez era el largo parque arbolado. O la gran escalera de
madera interior que sorprendía apenas se abría la puerta. Quizás la mezcla
entre residencia aristocrática y refugio suburbano que siempre tuvo el lugar.
Las luces de las fiestas iluminaban los ventanales mientras
afuera el barrio permanecía silencioso. La música se escapaba entre los árboles
y los autos se alineaban sobre avenida 7 durante las noches importantes.
Como tantas casonas platenses, la propiedad estuvo cerca de
perderse en el avance del tiempo y las subdivisiones urbanas. Pero sobrevivió.
Y hoy, transformada en el Club de Artes y Ocios, volvió a
llenarse de vida. Ya no con valses ni banquetes familiares, sino con cine,
arte, talleres, encuentros culturales y nuevas generaciones que quizás ignoran
cuántas historias guardan esas paredes.
Las casas antiguas tienen memoria.
Y algunas, como la de 7 y 78, todavía parecen susurrarla
entre las ramas.
Eduardo Finocchi 5/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
