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La momia que pasó por el Sanatorio Argentino, Una historia real.


La colección de momias egipcias del Museo de Ciencias Naturales de La Plata no sólo es una de las más singulares de Sudamérica por su rareza y valor histórico. También está rodeada de historias curiosas y episodios difíciles de explicar que, con el tiempo, alimentaron la idea de una pequeña “maldición platense”. 

Por la década del 80  visitó el museo el reconocido médico González Toledo, quien acababa de incorporar un moderno tomógrafo en el Sanatorio Argentino. Además de médico, era un apasionado de la egiptología y propuso algo inédito para la época: realizar tomografías a las momias egipcias del museo para estudiarlas sin abrir sus vendas.
Para lograrlo había que trasladarlas. Así fue como, un domingo tranquilo, una ambulancia llegó hasta el museo. Con sumo cuidado, Roque —empleado del lugar— y un camillero bajaron los sarcófagos y los cargaron en el vehículo. En total eran tres piezas: dos sarcófagos grandes y uno pequeño, perteneciente a una momia infantil.
La gente que caminaba por la zona empezó a detenerse, curiosa, intentando entender qué estaba ocurriendo. ¿Por qué una ambulancia se llevaba sarcófagos egipcios?
En medio del revuelo, Roque le dijo al médico:—¿Quiere que se vaya la gente? Yo me ocupo.
Y comenzó a murmurar entre los curiosos que existía la maldición de las momias.
El efecto fue inmediato. En pocos minutos, el lugar quedó prácticamente vacío.
Cuando llegaron al sanatorio, Roque y el camillero ingresaron los sarcófagos a uno de esos ascensores largos diseñados para transportar camillas hasta el subsuelo, donde estaba el tomógrafo. Sin embargo, algo salió mal. Nadie supo bien qué botón se presionó, pero en lugar de descender, el ascensor comenzó a subir con movimientos extraños hasta detenerse abruptamente en un entrepiso.
Quedaron atrapados. Desde afuera se escuchaban gritos: —¡Roque… Roque…!
Imaginen la escena: dentro del ascensor, un camillero pálido como el papel, Roque intentando mantener la calma… y a su lado, una momia dentro de su sarcófago egipcio.
El camillero estaba completamente blanco. Roque, intentando romper la tensión, alcanzó a bromear:
—Parece que empezó a actuar la momia…
Pero la situación no era menor. Permanecieron casi dos horas encerrados hasta que finalmente los técnicos del sanatorio lograron solucionar el problema.
La explicación fue simple… y a la vez inquietante. —Se había saltado un fusible —dijeron—. Algo que casi nunca pasaba.
Y, curiosamente, ocurrió justo un domingo… y justo cuando transportaban la momia.
Cuando terminaron los estudios, decidieron retirar el sarcófago por un pasillo interno del sanatorio, el mismo por donde habitualmente se trasladaba a las personas fallecidas.
Mientras avanzaban con la pesada caja funeraria, se cruzaron con dos señoras mayores que caminaban por allí. Las mujeres se detuvieron, sorprendidas, y preguntaron:
—¿Qué es eso? Roque dudó un instante. Porque no era fácil explicar algo así.
¿Cómo decirles, simplemente, que una momia egipcia estaba pasando por el Sanatorio Argentino de La Plata?
Eduardo Finocchi / 3-2026

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13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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