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La capilla secreta de La Plata: un santuario de reliquias que guarda siglos de fe



Por fuera, la Basílica del Sagrado Corazón es una presencia imponente en el paisaje platense. Pero en su interior, casi en silencio, existe un rincón poco conocido que resguarda una de las colecciones religiosas más sorprendentes de América Latina.

A un costado del templo, lejos del recorrido habitual de quienes visitan la iglesia, se abre una puerta discreta. Detrás, la penumbra y el recogimiento anuncian que se trata de algo distinto: la llamada Capilla de las Reliquias —también conocida como Capilla de los Mártires—, un espacio donde la historia, la fe y el misterio conviven en vitrinas y relicarios.

Allí se conservan cerca de 700 vestigios vinculados a santos de la Iglesia Católica. Fragmentos óseos, telas antiguas, objetos personales y piezas que, según la tradición, estuvieron en contacto con figuras veneradas a lo largo de los siglos. No es común encontrar algo así en una sola iglesia: lo habitual es que cada altar posea una única reliquia. En La Plata, en cambio, se concentran cientos.

La colección tiene su origen en la impronta de la congregación salesiana, que impulsó la construcción de la basílica a fines del siglo XIX. En aquellos años, era frecuente que órdenes religiosas recibieran reliquias desde Europa, muchas veces como donaciones o como parte de redes eclesiásticas que buscaban fortalecer la devoción en territorios jóvenes como la Argentina. Así, pieza a pieza, la colección fue creciendo hasta convertirse en un verdadero archivo material de la santidad.

El espacio en sí mismo tiene un aire de otro tiempo. Mármoles claros, detalles decorativos que remiten al cambio de siglo y una iluminación tenue que refuerza la atmósfera de recogimiento. Los relicarios —muchos de ellos en bronce— no son simples contenedores: están diseñados con formas simbólicas, a veces evocando la figura del santo o el tipo de reliquia que resguardan.

Pero durante décadas, este tesoro permaneció casi oculto. El deterioro del lugar y el paso del tiempo llevaron a que la capilla quedara cerrada, lejos de la mirada pública. Recién en años recientes, un proceso de restauración permitió recuperar el espacio y devolverle su función original. Fue entonces cuando muchos platenses descubrieron —con sorpresa— que en su propia ciudad existía una colección de estas características.



Entre quienes conocen el lugar circulan anécdotas que alimentan su aura. Algunos recuerdan visitas guiadas donde cada relicario parecía abrir una historia distinta: mártires de los primeros siglos del cristianismo, santos medievales, figuras más cercanas en el tiempo. Otros hablan del impacto que genera el silencio del ambiente, interrumpido apenas por el eco de los pasos y la luz filtrada sobre las vitrinas.

Más allá de la fe, la capilla invita a una lectura cultural. Es, en cierto modo, un museo no convencional que conecta a La Plata con tradiciones milenarias, con prácticas religiosas que atravesaron continentes y épocas. Cada pieza es un fragmento de historia, una señal de cómo las creencias también construyen identidad.

Hoy, la Capilla de las Reliquias sigue siendo un espacio poco difundido, incluso para muchos vecinos. Tal vez ahí radique parte de su encanto: en ser un secreto a medias, un lugar que no se impone, pero que sorprende a quien decide descubrirlo.

En una ciudad planificada al detalle, donde las diagonales ordenan el mapa y los edificios emblemáticos marcan el ritmo urbano, este rincón ofrece otra dimensión. Una más íntima, más silenciosa. Y profundamente humana.

Eduardo Finocchi 5/2026  -  https://historiasendiagonal.blogspot.com

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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