Hay edificios de La Plata que parecen guardar silencio. Uno pasa frente a ellos cientos de veces sin imaginar lo que ocurrió entre sus paredes. El de avenida 1 y 59, donde hoy funciona el Registro Civil, es uno de esos lugares.
Cada mañana entran parejas a casarse, familias a hacer
trámites, vecinos a buscar partidas de nacimiento. Pero hace casi un siglo,
detrás de esas mismas ventanas había rejas, pabellones y guardias armados.
Porque antes de convertirse en oficina pública, ese edificio fue una cárcel.
Y no cualquier cárcel, allí ocurrió una de las fugas más
asombrosas de la historia argentina.
La madrugada del 12 de septiembre de 1932, mientras la ciudad
dormía bajo las luces débiles de los viejos faroles platenses, treinta y tres
presos desaparecieron del penal sin romper puertas ni escalar muros. Los
internos habían cavado en secreto un túnel de casi cien metros que cruzaba por
debajo de la avenida 1.
Imaginar aquella escena todavía produce escalofríos.
Durante semanas —quizás meses— excavaron bajo tierra usando
herramientas improvisadas, cucharas, hierros y pedazos de metal. Sacaban tierra
lentamente para no despertar sospechas. El túnel tenía ventilación precaria y
hasta iluminación artesanal. Era una obra clandestina hecha en silencio, bajo
los pies de una ciudad que no sospechaba nada.
Cuando finalmente escaparon, dejaron un mensaje escrito
dentro del pasadizo:
“Paso de los Libres”. Como si hubieran bautizado aquel túnel
subterráneo antes de desaparecer en la noche platense.
Y todavía hubo lugar para la ironía. En uno de los pabellones
apareció otra inscripción dirigida a los guardias: “Se alquila”.
Una burla lunfarda que quedó grabada para siempre en las
crónicas policiales de la época.
Muchos vecinos mayores todavía aseguran que en la zona
existían galerías y sótanos conectados entre antiguos edificios públicos. Otros
dicen que bajo La Plata sobrevive una red de túneles olvidados. Entre
exageraciones y leyendas urbanas, el de 1 y 59 es uno de los pocos casos
realmente documentados.
Quizás por eso la historia sigue fascinando, porque debajo
del actual Registro Civil —entre escritorios, sellos y expedientes— todavía
parece sobrevivir la sombra de aquella vieja penitenciaría. Y cuesta no pensar
que, mientras alguien espera su turno para un trámite, bajo el ruido cotidiano
aún descansa el recuerdo de aquellos hombres que una noche lograron escapar
cavando las entrañas mismas de la ciudad.
La Plata tiene esas cosas, como por ejemplo que en una
esquina cualquiera puede esconderse una historia imposible.
Eduardo Finocchi 5/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
