La ciudad todavía olía a tierra removida. Las calles eran apenas trazos geométricos dibujados sobre el barro, y los edificios públicos se levantaban lentamente entre carros, obreros y sueños de modernidad. Apenas habían pasado unos meses desde la Fundación de La Plata cuando apareció una pequeña publicación que, lejos de celebrar, decidió incomodar.
Se llamaba La Platita.
Era abril de 1883. La nueva capital de la provincia de Buenos
Aires, impulsada por el gobernador Dardo Rocha, crecía a un ritmo vertiginoso.
Llegaban ingenieros, comerciantes, inmigrantes, especuladores y aventureros.
Todos buscaban algo: trabajo, tierra, oportunidades… o negocios.
Y fue justamente ese clima el que dio origen a aquel pequeño
periódico.
"La Platita" era una publicación modesta, de apenas
dos páginas, de redacción anónima. Sin grandes imprentas ni respaldo político,
pero con algo que no abundaba: una voz crítica.
Mientras la ciudad se proyectaba como símbolo del progreso,
sus redactores denunciaban negociados, favoritismos y maniobras entre
funcionarios y primeros pobladores.
Su nombre ya decía mucho. No era "La Plata". Era
"La Platita".
Una ironía directa, casi provocadora, que insinuaba que
detrás del nacimiento de la ciudad también circulaba el dinero fácil, la
especulación y los intereses ocultos.
En aquellas páginas, impresas con tipografía irregular y
tinta imperfecta, se hablaba de loteos, privilegios, cargos otorgados y
decisiones tomadas entre pocos. Era un periodismo incómodo, valiente y, para
algunos, molesto.
La Plata todavía no tenía edificios emblemáticos terminados.
La Catedral de La Plata aún no existía como la conocemos hoy, y la Plaza Moreno
era apenas el corazón de una ciudad en construcción. Pero ya había algo que sí
estaba consolidado: la política.
Y con ella, también nacía el periodismo.
"La Platita" tuvo vida breve. Como muchas
publicaciones del siglo XIX, su duración fue corta, probablemente por presiones
políticas o falta de recursos.
Sin embargo, su aparición dejó una huella silenciosa: la
primera voz periodística de la ciudad no fue celebratoria, sino crítica.
Eso dice mucho de la identidad platense.
Porque incluso antes de que las diagonales se llenaran de
árboles, antes de que los tranvías recorrieran las avenidas, antes de que la ciudad
se consolidara, ya había alguien escribiendo, observando y denunciando.
Ya había periodismo.
Hoy, más de un siglo después, aquel pequeño periódico casi
olvidado sigue siendo un símbolo. Una hoja frágil, amarillenta por el tiempo,
pero poderosa. Porque recuerda que La Plata nació con planos perfectos,
edificios monumentales… y también con voces que no tenían miedo de decir lo que
otros preferían callar.
"La Platita" fue, en definitiva, el primer susurro
crítico de una ciudad que recién comenzaba a escribir su historia.
Eduardo Finocchi / 4-2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
