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La Plata, una mañana cualquiera, hace unos años, entre rieles y adoquines

 


Hay imágenes que no necesitan fecha exacta para hablarnos. Alcanzan los adoquines, la sombra de los árboles prolijamente alineados y ese silencio apenas interrumpido por un tranvía que se aleja, para entender que estamos en otra época de La Plata. Una ciudad que ya había dejado atrás su impulso fundacional, pero que todavía conservaba el ritmo calmo de una vida sin apuro.

La escena transcurre en una calle ancha, perfectamente trazada, como dictaban los planos originales. Los rieles del tranvía recorren el centro, marcando no solo el camino del transporte sino también el pulso cotidiano de los vecinos. A lo lejos, una unidad avanza o se detiene, quizás recogiendo pasajeros que esperan bajo la sombra generosa de los árboles.

A los costados, las veredas lucen impecables. Las fachadas hablan de una arquitectura que aspiraba a la elegancia: molduras, balcones de hierro trabajado, puertas altas. No hay estridencias, pero sí una clara intención de permanencia. Son casas que todavía hoy, en muchos casos, siguen en pie, como testigos discretos de aquel tiempo.

Sobre el empedrado, algunos automóviles descansan junto al cordón. Sus formas robustas, de líneas simples pero firmes, reflejan una modernidad que comenzaba a imponerse. El auto ya no era una rareza, aunque todavía convivía —sin conflicto— con el tranvía, verdadero protagonista del movimiento urbano.

En una de las veredas, una figura solitaria camina. Lleva sombrero, traje oscuro, paso tranquilo. No parece apurado. Tal vez va rumbo al trabajo, o simplemente recorre la mañana como quien conoce cada rincón de su barrio. En esa figura anónima podría resumirse toda una época: la de una ciudad que crecía, pero sin perder la escala humana.

La luz cae limpia, marcando contrastes suaves. No hay multitudes, ni bocinazos, ni vértigo. Solo una armonía cotidiana entre la arquitectura, la naturaleza y la vida urbana. La Plata se muestra aquí como fue durante buena parte de su historia: ordenada, elegante, silenciosamente activa.

Mirar esta imagen hoy es asomarse a un tiempo donde el tránsito era pausado, donde el sonido metálico del tranvía sobre los rieles era parte del paisaje sonoro, y donde cada cuadra tenía identidad propia.

Quizás lo más interesante no sea lo que vemos, sino lo que intuimos: conversaciones que no escuchamos, historias mínimas que quedaron suspendidas en el aire, y una ciudad que, sin saberlo, ya estaba construyendo su memoria.

Porque en definitiva, estas escenas no son solo postales antiguas. Son fragmentos de una ciudad que todavía late —aunque transformada— bajo el asfalto moderno.

Eduardo Finocchi 5/2026 https://historiasendiagonal.blogspot.com

La Foto: 49 e/12 y 13 - La Plata

 

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit