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| RECREACIÓN |
Llegar hasta ella es casi un ejercicio de atención. Entre el
tránsito cotidiano y el murmullo de los árboles, la casona aparece con su
fachada sobria, algo desgastada, y una torre mirador que sobresale como un
gesto de otra época. Esa torre —con aberturas en sus cuatro lados— no es un
detalle menor: es la marca de un tiempo en el que las casas no solo se
habitaban, también se mostraban.
Construida probablemente entre fines del siglo XIX y las
primeras décadas del XX, la casona responde a un estilo ecléctico con fuerte
impronta italianizante, muy común en los primeros años de la ciudad. Balcones
de hierro trabajado, molduras delicadas y proporciones simétricas hablan de una
arquitectura pensada para perdurar.
Pero el rasgo distintivo es, sin dudas, el mirador superior.
Estas estructuras eran habituales en viviendas de familias acomodadas:
permitían observar el entorno, captar la brisa y, sobre todo, proyectar una
idea de estatus. Desde allí, es fácil imaginar una ciudad en formación, con
calles aún jóvenes y un horizonte abierto.
La zona de 2 y 40 siempre tuvo movimiento. A pocas cuadras de
la estación de trenes y de áreas comerciales clave, este sector combinó desde
temprano residencias familiares con espacios de trabajo y circulación
constante. No muy lejos de allí funcionó el histórico almacén San José, que con
los años se transformó en un centro cultural emblemático de la ciudad.
Ese contexto ayuda a entender que esta casona no fue una
excepción aislada, sino parte de un entramado social activo, donde convivían
comerciantes, familias tradicionales y espacios de encuentro.
Hoy, la casa muestra señales de desgaste. Las persianas
cerradas, algunos grafitis en la base y el silencio que la rodea sugieren que
ya no cumple el rol para el que fue concebida. Como muchas construcciones de
gran escala en el casco urbano, probablemente haya atravesado subdivisiones,
cambios de uso o períodos de abandono.
Sin embargo, su estructura sigue en pie, firme. La torre
continúa vigilando la esquina, como si se negara a desaparecer.
No todas las historias están señalizadas. No todas las casas
tienen placa ni reconocimiento oficial. Pero eso no les quita valor. Al
contrario: las vuelve más misteriosas, más abiertas a la memoria colectiva.
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| LA CASA ACTUALMENTE |
La casona de 2 y 40 es una de esas piezas del rompecabezas platense que invitan a mirar dos veces. A preguntarse quiénes vivieron allí, qué conversaciones habrán cruzado sus balcones, qué ciudad veían desde lo alto.
Porque en La Plata, incluso las esquinas más discretas pueden
esconder historias que todavía esperan ser contadas.
Eduardo Finocchi 5/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com

