En la ciudad de las diagonales todavía quedan rincones donde parece que el tiempo decidió detenerse. Uno de ellos está en calle 61 entre 28 y 29, detrás de una reja oscura, árboles antiguos y un jardín silencioso que apenas deja ver una vieja casona señorial escondida entre sombras y recuerdos.
Muchos platenses pasaron alguna vez por esa vereda mirando
de reojo el enorme chalet, preguntándose quién vivía allí o qué secretos
guardaban sus paredes. Porque esa casa siempre tuvo algo distinto. Algo entre
melancólico y misterioso.
Durante años fue conocida casi como una leyenda barrial.
Algunos la llamaban “la casa abandonada”, otros “la quinta de los libros”. Y no
estaban tan equivocados.
Detrás de esas persianas gastadas funcionó una de las
bibliotecas privadas más impresionantes que tuvo La Plata. Su dueño fue Ataulfo
Serafín Pérez Aznar, abogado, docente y dirigente radical, un hombre
obsesionado con los libros y la historia. Dicen que llegó a reunir cerca de 50
mil volúmenes dentro de la propiedad.
La vieja casona terminó transformándose en un verdadero
laberinto literario. Había libros en las habitaciones, en los pasillos, en las
escaleras y hasta en entrepisos improvisados. Política, historia argentina,
filosofía, religión, arte… cada rincón parecía contener un pedazo de memoria.
Pero mucho antes de convertirse en biblioteca, el lugar ya
tenía historia. La propiedad habría sido parte del antiguo casco de la estancia
“Las Dos Rosas”, levantada hacia fines del siglo XIX, cuando aquella zona
todavía era casi rural y las calles eran de tierra. Cuesta imaginarlo hoy,
rodeado de autos, edificios y movimiento, pero esa parte de La Plata alguna vez
tuvo aroma a quinta y borde de campo.
Y quizás por eso la casa todavía conserva ese aire extraño.
Los grandes árboles, las columnas, el parque retirado de la línea municipal y
el silencio del jardín parecen pertenecer a otra época.
Con los años, tras la muerte de Pérez Aznar, la casona fue
deteriorándose lentamente. La humedad, el abandono y el paso del tiempo
empezaron a comerse parte de aquel universo de papel. Sin embargo, para muchos
vecinos sigue siendo uno de los lugares más fascinantes y enigmáticos de la
ciudad.
Porque algunas casas no son solamente construcciones.
Son pequeñas cápsulas de memoria.
Y esta, escondida en 61 entre 28 y 29, todavía parece
guardar entre sus paredes el eco apagado de miles de páginas, conversaciones
intelectuales y noches de lectura bajo la tenue luz de una lámpara antigua.
Una de esas casas platenses que, aunque el tiempo las
desgaste, jamás dejan de despertar curiosidad.
Eduardo Finocchi 5/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
