Hubo un tiempo en que, muy cerca de La Plata, en el barrio El
Dique de Ensenada, el sonido de las máquinas y el movimiento de cientos de
obreros marcaban el ritmo cotidiano de una de las industrias más importantes de
la región: la histórica fábrica de sombreros.
Hoy, entre recuerdos, historias de vecinos y viejas fotografías,
aún se mantiene viva la memoria de aquel establecimiento que durante décadas
fue orgullo del barrio y fuente de trabajo para cientos de familias.
La fábrica de sombreros de El Dique fue fundada alrededor de
1901 o 1902 por Juan Amadeo y Pedro Chilibrosti, en la zona de las actuales
calles 128 y 48. Con el paso de los años, la empresa fue cambiando de manos y
denominaciones, pero nunca perdió su importancia.
Primero funcionó como Erbiti y Cía., luego como Basso-Imperatori y Cía., y más tarde como BIC S.R.L., manteniéndose siempre como uno de los centros industriales más importantes del área portuaria de La Plata y Ensenada.
El crecimiento fue rápido. La cercanía con el puerto, el
ferrocarril y la ciudad de La Plata favorecieron su desarrollo, convirtiéndola
en una verdadera fábrica modelo de comienzos del siglo XX.
Durante su mayor esplendor, la fábrica llegó a emplear entre
600 y 700 trabajadores. Familias enteras del barrio El Dique dependían directa
o indirectamente de su funcionamiento.
Las instalaciones eran enormes y
contaban con: Máquinas a vapor, Lavadero propio de lana, Sectores de fieltro y
moldeado, Áreas de terminación artesanal.
Allí se fabricaban sombreros de
distintos materiales: Lana, Castor, Conejo, Liebre, y Vicuña.
Cada pieza atravesaba un proceso largo y cuidadoso, donde la
industria y el trabajo artesanal convivían en perfecta armonía.
Un dato curioso es que muchas de las tareas de terminación
eran realizadas por mujeres, ya que se consideraba que la delicadeza de sus
manos permitía lograr mejores acabados.
Sombreros que cruzaron fronteras
La producción era tan importante que los sombreros fabricados
en El Dique se distribuían por todo el país y también se exportaban a otros
países de América.
Según cuentan crónicas y recuerdos, incluso figuras conocidas
habrían utilizado estos sombreros, entre ellos el propio Carlos Gardel, lo que alimentó aún más el prestigio de la fábrica.
Así, desde un rincón industrial cercano a La Plata, se vestía
a miles de personas, desde trabajadores rurales hasta elegantes caballeros de
ciudad.
Los vecinos más antiguos recuerdan la gran chimenea que se
veía desde lejos, el movimiento constante de obreros entrando y saliendo, y el
sonido de las máquinas que marcaban el pulso del barrio.
También recuerdan el olor particular de la lana y el fieltro,
que se mezclaba con el aire del puerto y formaba parte del paisaje cotidiano.
La fábrica no era sólo un lugar de trabajo. Era también un
punto de encuentro, una identidad compartida, una historia común.
Con el paso del tiempo, la moda del sombrero comenzó a
desaparecer. Las crisis económicas y los cambios culturales afectaron la
producción y la cantidad de trabajadores fue disminuyendo.
Finalmente, la histórica fábrica cerró sus puertas, dejando
detrás un enorme edificio cargado de recuerdos y nostalgia.
Sin embargo, su importancia fue reconocida años después,
cuando el predio fue declarado de interés histórico y patrimonio ensenadense,
preservando así la memoria de una industria que marcó una época.
Hoy, aunque las máquinas ya no funcionan y los sombreros
dejaron de fabricarse, la historia de la fábrica de El Dique sigue presente en
la memoria de los vecinos y en la identidad del lugar.
Porque hubo un tiempo en que, muy cerca de La Plata, una
fábrica de sombreros no sólo generaba trabajo…
También tejía historias, construía comunidad y dejaba una
huella imborrable en la región.
* Tras décadas de abandono y deterioro, la Legislatura
bonaerense aprobó en noviembre de 2025 una ley de expropiación para
transferir el inmueble al Municipio de Ensenada, donde se está proyectando la
construcción de un megacomplejo educativo, cultural y deportivo.
