Un 30 de diciembre de 1915, hace ya más de un siglo, Carlos
Gardel pisó por primera vez un escenario platense. No fue un teatro céntrico ni
un café famoso: fue el Jardín Zoológico de La Plata, entonces uno de los
principales espacios de encuentro social y cultural de la ciudad.
Acompañado por José Razzano, su socio artístico inseparable
en aquellos años, y por el guitarrista Emilio Bó, Gardel participó de una
velada musical organizada para recibir el Año Nuevo de 1916, en una ciudad
joven que buscaba afirmarse también como polo cultural.
El Zoológico, un escenario inesperado
Inaugurado en 1907, el Zoológico platense no era sólo un
paseo recreativo. En las primeras décadas del siglo XX funcionaba como un
verdadero centro de actividades sociales, donde se realizaban conciertos al
aire libre, actos públicos y espectáculos musicales, especialmente en fechas
festivas.
Las celebraciones de fin de año convocaban a numeroso
público, y la presencia de artistas populares formaba parte del atractivo. En
ese contexto, la actuación de Gardel y Razzano se inscribió como uno de los
números destacados de la programación.
Gardel antes del mito
En 1915, Gardel tenía alrededor de 25 años y aún no era el
ícono absoluto del tango-canción. Su figura se consolidaba como cantor criollo,
con un repertorio que incluía estilos, cifras, canciones camperas y tangos
tempranos.
Todavía faltaban dos años para la grabación de “Mi noche
triste” (1917), considerada el punto de partida del tango cantado tal como se
lo conoce hoy.
Actuar en espacios abiertos como el Zoológico exigía voz
potente, carisma y conexión directa con el público, cualidades que ya
distinguían al joven cantor y explican por qué comenzaba a ser convocado fuera
de Buenos Aires.
Una ciudad en su itinerario temprano
La presentación de Gardel en La Plata convierte a la capital
bonaerense en una de las primeras ciudades del interior provincial incluidas en
su recorrido artístico. El dato aparece citado en crónicas de época y en
investigaciones biográficas que reconstruyen sus actuaciones iniciales, cuando
el cantor comenzaba a forjar su leyenda.
Aunque no se conserva un programa oficial de aquella noche,
los historiadores coinciden en que Gardel y Razzano ofrecieron un repertorio
acorde al gusto popular del momento, pensado para un público amplio que
celebraba la llegada del nuevo año.
Un hecho con valor simbólico
Hay algo profundamente simbólico en aquel episodio: Gardel
cantando para recibir 1916, un año que marcaría cambios sociales y culturales
en la Argentina, mientras él mismo estaba a punto de convertirse en la voz más
representativa del país.
Hoy, más de cien años después, esa actuación permanece como
un capítulo poco conocido pero significativo de la historia cultural platense,
y como una huella temprana del paso de Gardel por escenarios que ayudaron a
construir su camino hacia la inmortalidad.
Eduardo Finocchi / 2-2026
