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El Banco de Crédito Provincial: el peor golpe financiero de La Plata


La historia económica de La Plata tiene varios capítulos memorables, pero pocos tan dramáticos y escandalosos como la caída del Banco de Crédito Provincial, el recordado BCP. Su derrumbe no solo arrastró fortunas, empresas y ahorros familiares, sino que dejó una herida profunda en la memoria colectiva platense.

En 1911, las familias Falabella, Mendy, Mainero, Machi, Goenaga y Guzzetti fundaron el Banco de Crédito Provincial en 7 y 47 de la capital provincial, con una ambición clara: crear una gran entidad financiera nacida en la ciudad y para la ciudad.

Con el paso de las décadas, el BCP se consolidó como una de las instituciones más fuertes del sistema bancario local. También pasaron por su directorio apellidos tradicionales de peso en la vida platense como Granitto, Daneri, Soncini, Betti, Luparia, Puyó, Ré y Rodrigo, entre muchos otros.

Durante años, el banco fue sinónimo de solidez y confianza. Para miles de familias, comerciantes y empresas, tener cuenta en el BCP era casi una tradición.

En agosto de 1987, los platenses vendieron el banco y comenzó una nueva etapa. El control pasó a manos de la familia Trusso, un poderoso clan con fuertes vínculos con la política y la Iglesia.

Francisco Trusso, jefe de la familia, había sido embajador ante el Vaticano durante el gobierno de Carlos Menem. Fueron sus hijos —Francisco, Pablo y Miguel— quienes asumieron el manejo operativo del banco, junto al empresario Renato Della Nogare.

Durante una década, el crecimiento fue vertiginoso. El BCP expandió su estructura, multiplicó sucursales y se transformó en una entidad de gran peso regional. Pero detrás de esa expansión se escondía una trama financiera que terminaría en uno de los mayores escándalos bancarios del país.

El 20 de agosto de 1997, la noticia sacudió a toda la ciudad: el Banco Central suspendía al BCP.

Lo que parecía una crisis pasajera se transformó en un proceso traumático que culminó en abril de 1999 con la quiebra definitiva de la entidad.

Las denuncias fueron explosivas. Se abrieron causas penales en La Plata y en Buenos Aires por estafas y defraudaciones estimadas en 200 millones de dólares.

El Banco Central denunció el otorgamiento fraudulento de 21 mil créditos falsos, registrados a nombre de personas que jamás los habían solicitado ni recibido.

Pero el núcleo más escandaloso estaba en las operaciones offshore: depósitos que debían ser colocados en paraísos fiscales simplemente desaparecieron. Como no figuraban formalmente en la documentación bancaria, los ahorros de unas 200 familias conocidas de la ciudad se esfumaron por completo.

El escándalo alcanzó también a la Iglesia. El Arzobispado porteño denunció la desaparición de 700 mil dólares depositados en el BCP, y en ese contexto llegó a estar detenido durante algunos días monseñor Toledo.

Pablo Trusso pasó varios meses en prisión. También fue detenido Granitto, el único platense que permanecía en el directorio.

Renato Della Nogare estuvo prófugo hasta el año 2000, cuando fue localizado por Interpol en España. Recuperó la libertad en 2002.

Francisco Trusso (h) también huyó y fue detenido en San Pablo en 1999. Recibió una condena de ocho años de prisión, luego reducida a cinco en 2005, aunque ya estaba excarcelado desde 2003.

La caída del BCP fue devastadora para la economía local. El banco contaba con: 71 sucursales, 1.000 empleados, 11.800 cuentas corrientes, 16.300 ahorristas en plazos fijos, 67.200 cajas de ahorro, depósitos totales por 410 millones de dólares.

Durante semanas, los fondos quedaron completamente congelados. Cerca de 150 millones de dólares pertenecientes a platenses quedaron atrapados.

Allí estaban los ahorros familiares, los fondos de empresas destinados al pago de sueldos y el capital de trabajo cotidiano de cientos de pequeños y medianos comercios.

La ciudad sintió el impacto de inmediato: angustia, protestas, incertidumbre y una sensación generalizada de traición.

Apenas un mes y medio después de la suspensión, comenzaron a devolver apenas 1.000 pesos por cuenta y por persona, una cifra insignificante frente a los montos retenidos.

En mayo de 1998 abrió sus puertas el Mercobank, creado con parte de los activos y pasivos del BCP.

Su directorio estaba integrado por economistas vinculados a la política como Horacio Liendo (h), Adolfo Sturzenegger y Ricardo Gutiérrez, junto al empresario italiano Francesco Confuorti, uno de los grandes acreedores del banco caído.

Recién entonces, nueve meses después del cierre, los ahorristas con fondos garantizados —hasta 10 mil o 20 mil pesos según el caso— pudieron comenzar a recuperar su dinero mediante un cronograma que se extendió durante tres meses.

A los inversores medianos se les ofreció recuperar el 60% a cambio de mantener sus fondos en la nueva entidad. Algunas grandes empresas, con depósitos superiores a los 500 mil dólares, lograron salvar parte de sus capitales convirtiéndolos en acciones del nuevo banco.

Pero tampoco el Mercobank de Sturzenegger duró demasiado: apenas un tiempo después fue desguazado y repartido entre diez bancos que absorbieron sucursales y clientes.

El derrumbe del Banco de Crédito Provincial no fue solo una crisis financiera: fue una fractura social.

Para miles de platenses significó la pérdida de ahorros de toda una vida. Para comerciantes y empresas, una asfixia económica inmediata. Para la ciudad, el final abrupto de una institución que durante décadas había sido símbolo de pertenencia y confianza.

A casi tres décadas de aquel colapso, el nombre del BCP todavía resuena en La Plata como sinónimo del mayor escándalo bancario de su historia.

Porque cuando cayó el Banco de Crédito Provincial, no cayó solamente un banco: cayó una parte de la confianza de toda una ciudad.

Eduardo Finocchi 4/2026  -  https://historiasendiagonal.blogspot.com

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