Mayo de 1992 . Según las primeras
versiones, una alumna de cuarto grado del Colegio Nuestra Señora de Lourdes ,
ubicado frente a la Plaza Güemes, en avenida 19 y 38, aseguró haber visto a la
Virgen flotar por un pasillo de la escuela y luego en una ventana, que estaba
en el primer piso de un aula que podía ver desde el patio. Los directivos
preservaron el nombre de la niña, que nunca se conoció. Pese al paso del
tiempo, las autoridades eclesiásticas continúan siendo reacciones a hablar del
tema.
Betina Bruno era alumna del
colegio. Iba a séptimo grado turno mañana y fue una de las primeras en ver la
imagen en el vidrio, desde el patio, porque -en esto todos coinciden-, del lado
de adentro no se veía. Ese día, junto a sus compañeras habían hecho una visita
escolar a la Legislatura bonaerense y, durante todo el paseo, más que del poder
legislativo no se habló de otras cosas que de la aparición de la virgen en la
escuela: “En mi grupo se comentó que una nena de cuarto la había visto por los
pasillos el día anterior y que la imagen de la virgen había quedado en el
vidrio de nuestra aula”, recuerda.
Al regresar del colegio, Betina
Bruno fue directamente a mirar el vidrio con sus amigas. A primera vista no
vieron nada pero, mientras conversaban, Betina notó algo extraño que describió
así: una esfera amarilla, similar a una bola de fuego , apareció en el centro
de la ventana. Poco a poco, comenzó a alargarse ya tomar forma ante sus ojos.
"Era clarísimo, no sólo se
formó la imagen de la virgen de Lourdes de pie con su lazo celeste, sino
también santa Bernardita arrodillada y el agua entre las dos. Yo lo veía como
si fuera una foto", rememora. A los pocos minutos, asegura, todos a su
alrededor empezaron a verla, y ahí arrancó una locura que no se podía parar.
La Iglesia platense de Lourdes
está justo al lado del colegio. Parece sacada de un cuento infantil: es un
templo blanco y sencillo, con techo a dos aguas y dos pequeños domos a los
costados. Tiene detalles en azul, el color del lazo que lleva la virgen en la
cintura. En el patio de la parroquia montaron una gruta. Inserta en ella, a
unos dos metros del piso, instala en una imagen de María. Abajo, en el suelo,
se ubica la de santa Bernardita arrodillada, la niña francesa a la que la
virgen se le habría presentado por primera vez en la gruta de Massabielle,
Francia. Según la Iglesia Católica , la virgen le indicó a Bernardita que
debajo de ese suelo había agua de manantial. La chica excavó y el milagro, de
acuerdo al relato, se hizo realidad.
Los comentarios alrededor de una
supuesta aparición de la virgen en La Plata circularon de boca en boca hasta
llegar a la prensa. La noticia sorteó rápidamente las fronteras platenses y
generó impacto en todo el país. Todo el mundo hablaba de eso. Hasta el
periodista estrella de Nuevediario, José De Zer , experto en episodios
sobrenaturales, llegó a La Plata para dar cuenta de lo ocurrido.
Cientos de testigos
Los testimonios de quienes
aseguran haber visto la imagen en el vidrio se cuentan por centenares: exalumnos,
docentes, autoridades, vecinos y periodistas. Sin embargo, hay un detalle
llamativo: casi nadie recuerda quién fue la primera niña que la vio. Y quienes
dicen recordarla no ofrecen datos concretos, ni siquiera su nombre. Algunos
afirman que vivían en el barrio, que sufrieron bullying y que, finalmente,
terminaron yéndose de la ciudad.
"La Virgen estaba en la
ventana del aula de séptimo grado. Nuestra aula. Yo egresé ese año. Se veía
perfecta. Creer o reventar", comenta Fernando Doglio. quien ahora tiene 44
años y tampoco se acuerda quién era esa niña, pero sí que justo ese día había
reunión de padres por un episodio de mala conducta. Entre risas cuenta: “Mi
viejo jodía con que la virgen se quería tirar de ahí arriba por lo mal que nos
portábamos”. Y sí, Doglio afirma que la veía clarito , “era la virgen rezando,
con las manos juntas, incluso sé que la mandaron a analizar y no se borraba ni
podía haberla dibujado a alguien a propósito”.
Aunque admite no ser una católica
devota, Ana Videla, que por entonces era vecina de la parroquia, le pidió a su
marido que la acompañara al templo para ver qué pasaba. A empujones, lograron
ubicarse entre la multitud y, alzar la vista, Ana afirma haberla visto
claramente: “Casi me muero, se veía el manto, me acuerdo la sensación, era
indudable, pero mi marido no la veía”. Como ella, muchos comentaban
experiencias similares: algunos decían ver la figura de inmediato y sin
dificultad, mientras que otros no percibían nada en absoluto.
En un primer momento, el párroco Agustín
Espritú Luchino dijo que, pese a los comentarios de fieles y alumnos del
colegio, él no había logrado ver la imagen. Junto con la directora del colegio
parroquial, María Cecilia Dellepiane , mandaron limpiar el vidrio para
descartar que se trate de un dibujo o una mancha superficial pero, al parecer,
se mantuvo inalterable.
Mientras tanto, ya medida que la
historia ganaba notoriedad, comenzaron a congregarse numerosas personas frente
a la parroquia, con la esperanza de presenciar la supuesta aparición. La
cobertura periodística se extenderá durante varias semanas . Los artículos en
los diarios incluían testimonios de alumnos, docentes, el sacerdote,
parapsicólogos, fabricantes de vidrios e incluso llego a ser consultado el
vidriero que había instalado el cristal.
A esta altura, surgieron teorías
de todo tipo : desde interpretaciones místicas que hablaban de una impregnación
milagrosa en la ventana, hasta explicaciones más racionales basadas en la
humedad ambiental o defectos del material. Las opiniones estaban —y siguen
estando— divididas: algunos aseguraban ver con claridad una imagen, como si
fuera un vitral o una fotografía; otros distinguían apenas una silueta o una
mancha tornasolada, “como de aceite” o “detergente”; y muchos, simplemente, no veían
nada.
El asunto de la idolatría
Para la Iglesia Católica la
idolatría es un pecado grave, por eso se cree que Moisés se enoja con el pueblo
de Israel cuando baja del Monte Sinaí y encuentra a todos arrodillados ante un
ternero de oro. Las máximas autoridades del Arzobispado de La Plata , por
entonces a cargo de Carlos Galán , temieron que con el revuelo de Lourdes se
estuviera promoviendo la idolatría de un simple vidrio, y decidieron tomar
cartas en el asunto. Delegaron la misión en el entonces vicario general,
Rodolfo O'Neill, segundo en el esquema de jerarquía del gobierno de la
diócesis.
El prelado llamó al párroco y le
preguntó qué era lo que había pasado. “ Nada, vos sabés cómo es la gente. Es un
vidrio ”, minimizó Luchino.
Es que, si bien alumnos, maestras
y vecinos aseguraban ver la figura de la virgen, el cura insistía en que él no
notaba nada extraño. Sin embargo, justo el día que el vicario O'Neill desmintió
las versiones sobre una posible aparición ante la prensa, a Luchino le pasó
algo inesperado. Luego de oficiar una misa ante un templo colmado como nunca
antes, se quedó solo, en silencio. Salió al patio con la intención de despejar
sus propias dudas. Tomó los binoculares que le había pedido a un feliz y apuntó
hacia el vidrio . Quedó perplejo. Finalmente, lo admitió: ahí estaba la virgen.
También él la había visto y así lo comentó entre sus allegados.
En el diario El Día del 30 de
mayo de 1992 la contradicción entre el vicario y el cura quedó en evidencia:
“El párroco de la Iglesia de Lourdes que funciona pegada a la escuela reconoció
la existencia del hecho, en tanto que las autoridades eclesiásticas locales
señalaron que lo único comprobable es la sola afirmación de unos pocos que
dicen haber visto dibujarse una imagen”.
Consultado hoy, O'Neill se ríe al
recordar el episodio, aunque reconoce que en su momento tuvo ganas de matar a
Luchino: “Casi cometo curicidio ... Yo salí a desmentir todos los rumores y ese
mismo día el padre Luchino me llama y me dice:
–O'Neill ¿Sabes que la vi?
–¿Qué vio padre?
– A la Virgen vi, vos sabés que
soy viejo, tuve que pedir unos binoculares, pero la vi.
Con la intención de poner fin a
todas las controversias, O'Neill decidió intervenir personalmente. Se dirigió a
la parroquia decidido a tomar el control de la situación y pidió que bajaran el
vidrio. Quería observarlo de cerca, tocarlo, inspeccionarlo con sus propios
ojos y, finalmente, despejar cualquier duda.
Hoy, a sus 85 años, el exvicario
O'Neill vive en la sede platense de la orden religiosa “Total dedicación”. Es
una mañana de otoño de 2025 y, mientras toma mate en un comedor que da a la
esquina de calle 11 y 46, se dedica como cada mañana a leer la edición de papel
del diario La Nación, que tiene en su tapa al nuevo Papa, León XIV. Por primera
vez, acceda a contar cuál fue su rol y todo lo que sucedió puertas adentro
durante aquellos días de 1992, cuando el vidrio del supuesto milagro atraía
como un imán a cientos de curiosos.
"Yo hice sacar el vidrio
para examinarlo. Era realmente complicado el tema porque si uno ponía el vidrio
verticalmente no se veía nada, si lo invertía, no se veía nada, pero si lo
ponía medio en diagonal, de tal manera que le diera la luz, ahí se notaba una
silueta azul, que les daba pie a los que querían ver para imaginar",
afirma.
Durante un tiempo el vidrio fue
exhibido dentro del templo . Hasta que O'Neill notó que la gente le rezaba y le
ponía flores: “Era rendirle culto, así que dije: ¡No! Quiten el vidrio de ahí y
no le pongan más flores”. Entonces se decidió ubicarlo en la gruta del patio
parroquial, un lugar que les parecía más adecuado. Orgulloso el ex vicario
ratificó: “Yo frené el entusiasmo y para que se dieran el gusto hice sacar el
vidrio y que lo pusieran en la gruta”. Su conclusión se ubica lejos de toda mística:
“Se ve que ese vidrio tenía un defecto de fábrica”.
Alejandro Salamone es periodista
y cubrio la historia de la aparicion desde el comienzo. Cuando sonó el teléfono
por enésima vez en la sección locales del diario El Día lo sorprendió la voz
exaltada de una mujer: “Soy vecina de La Loma y quiero avisarles que acá, en el
Colegio de Lourdes, apareció la Virgen”.
Anotador en mano, motivado por la
novedad, Salamone fue al lugar de los hechos. Como si hubiera ocurrido ayer
recuerda la conmoción que encontré al llegar al colegio. “ Había una agitación
descomunal, encontré padres, madres, gente del barrio que entraba a mirar, las
maestras que se abrazaban emocionadas”, rememora. Y asegura: "Yo veía una
imagen de la Virgen parecida a un vitral, en colores, con el lazo celeste y
todo, como si la hubieran dibujado. En estas cosas la subjetividad manda, pero
vi a la Virgen como en una estampita".
En 2005, el mismo periodista que
cubrió esa historia para El Día , volvió a entrevistar al padre Luchino. La
excusa eran sus 50 años de sacerdocio, pero lo que a él más le interesaba era
volver sobre el tema de la imagen en el vidrio. Cuando Salamone le volvió a
preguntar, el sacerdote respondió molesto: “No me gusta hablar mucho de eso”.
Sin embargo habló y, según Salamone, “hasta pareció un desahogo”.
Luchino ratificó que al cuarto
día desde que conoció la noticia, pudo ver la imagen con nitidez. Y aportó un
detalle sorprendente: "Estaba con las manos extendidas. Después la volvió
a ver una y mil veces, pero con las manos juntas e inclinadas". Para el
párroco, la imagen de la Virgen no sólo se veía en la ventana sino que, además,
se había movido.
El periodista dice que, en aquel
encuentro, Luchino, ya anciano, lo miró con lágrimas en los ojos y por primera
vez le aseguró: “ Estoy convencido de que allí estaba la Virgen , no tengo
dudas de que aquello fue un verdadero milagro”.
En octubre de 2020 el entonces
arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández presidió una misa junto al
párroco Gerardo Gallo. Desde la curia platense se evita hablar del tema.
Si bien el cura siempre preservó
la identidad de la niña que tuvo la visión y buscó mantenerla “alejada de la
publicidad”, contó que llevaba un diario íntimo en el que no escribió nada
sobre esta visión: “Yo le preguntó por qué no lo había hecho”, relató Luchino a
la prensa, y ella le que la virgen le había dicho que pasarían cosas más
importantes. De este testimonio del párroco se desprenden varios misterios
todavía vigentes: quién era la nena, cuáles eran esas cosas importantes que
María le habría anticipado y si estas ocurrieron efectivamente.
El párroco Gerardo Gallo estuvo
al frente de la parroquia de la Virgen de Lourdes durante la última década,
hasta que dejó el cargo el mes pasado. Es amable en el trato, aunque se muestra
visiblemente incómodo cuando se le pregunta por aquel episodio. Recomendación
hablar primero con Pablo Madrid, representante legal del Colegio. Mientras se
remueve en su asiento de confesor dice que sí, que recuerda el hecho, pero que
sabe poco y nada: “La Iglesia cerró el caso y no se expidió sobre si fue o no
un milagro”.
¿A dónde está ahora el vidrio?
Según Gallo después de exponerlo varios años en el patio de la parroquia lo
retiraron con la promesa de volver a exhibirlo después de renovar la gruta: “
No se sabe dónde quedó, creo que en un galpón , y en un momento parece que un
profesor de música lo tocó con una guitarra y se rompió”.
Una segunda versión asegura que
el vidrio se envió a la gruta original de Francia y una tercera indica que,
muchos años después, fue monseñor Héctor Aguer quien dio la orden de que el
vidrio desaparezca como mar. Pero, hasta hoy, nadie tiene certezas.
Como si se tratara de un secreto
de Estado, el actual representante legal y ex alumno del Colegio de Lourdes,
Pablo Madrid , se negará en varias ocasiones a hablar del tema. Solamente una
vez se comunicará por teléfono para decir que no tiene tiempo de dar una
entrevista. Ante la insistencia, se escabulle: “Por sí o por no me voy a
comunicar con usted, se lo aseguro, ahora tengo que seguir trabajando”.
Begum / 0221.com.ar
