En la esquina de Diagonal 77 y
calle 46, en pleno corazón de La Plata, se alza el Palacio Rocca, una de esas
construcciones que, aun lejos de los circuitos turísticos tradicionales, logra
capturar la atención de vecinos y visitantes por la elegancia y armonía de su
fachada.
Levantado en 1926 por la familia
Rocca, reconocida en su época por su actividad comercial y musical, el edificio
forma parte del auge de las denominadas casas de renta. Estas construcciones
estaban pensadas para albergar a funcionarios y empleados de la administración
provincial que trabajaban en la capital bonaerense pero preferían residir en
Buenos Aires, viajando a diario. Durante décadas, esta modalidad marcó el
desarrollo urbano de la ciudad, hasta que el propio Estado provincial comenzó a
exigir la residencia efectiva en La Plata como condición para conservar los
cargos.
Un patrimonio fuera del radar
oficial
Aunque el Palacio Rocca no
integra los recorridos patrimoniales más difundidos —generalmente concentrados
en grandes palacios y edificios institucionales—, su imagen se ha vuelto
recurrente en redes sociales. Fotografías de su fachada, con balcones curvos,
ornamentación refinada y una singular cúpula, circulan de manera viral y lo
consolidan como un punto de interés urbano ampliamente reconocido.
Al valor arquitectónico se suma
el peso de su historia. Entre sus habitantes ilustres se destacó el ingeniero
Juan Walter Steel, quien fue titular del Instituto del Cemento Portland. En
tanto, Ángel N. Rocca, quien figura como propietario en los planos originales,
fue un destacado músico y compositor, autor de melodías de varios himnos
escolares dedicados, entre otros, a Cristóbal Colón y a la maestra Mary O.
Graham.
Deterioro, abandono y falta de
respuestas
Hoy, sin embargo, el edificio
atraviesa una situación crítica. Ante el deterioro de la mampostería y el
riesgo de desprendimientos, se realizaron consultas al área de Patrimonio del
municipio, pero no hubo respuestas alentadoras. No existe expediente alguno
sobre la propiedad ni programas de asistencia económica para afrontar las
reparaciones necesarias. Apenas se mencionó la posibilidad, imprecisa, de
gestionar algún tipo de asesoramiento técnico.
Frente a este escenario, los
copropietarios de la Casa Rocca se encuentran en un verdadero callejón sin
salida: no cuentan con los recursos para encarar las obras y tampoco reciben
acompañamiento estatal. Como medida provisoria, se colocó una malla de
contención a la altura del primer piso que rodea toda la fachada, con el
objetivo de prevenir nuevos desprendimientos.
Una deuda pendiente con la
identidad urbana
La arquitecta Marcela Nacarate
advierte que el caso del Palacio Rocca no es aislado. “A pocos días de haber
cumplido 143 años seguimos hablando de la idea fundacional de La Plata, pero no
nos estamos ocupando de mantener ese sueño y conservarlo. Existe una
arquitectura magnífica, sin atención, con construcciones que en muchos casos ya
superaron los 100 años y aún esperan una intervención seria para prolongar su
vida útil”, señala.
Nacarate subraya que existen
ejemplos posibles de recuperación —desde pequeñas arquitecturas hasta
refuncionalizaciones para usos gastronómicos, comerciales o de salud—, pero que
la situación se vuelve especialmente compleja en edificios en altura, petit hôtels
y casas de renta como la Rocca. Allí conviven múltiples propietarios que, aun
reconociendo el valor histórico y cultural de sus inmuebles, carecen del
respaldo técnico y profesional necesario. “Más allá de los costos, hay una
fuerte carencia de asistencia especializada”, afirma, y agrega que
históricamente “el tema patrimonial resulta incómodo para las gestiones
municipales”.
Un futuro incierto
Recientemente, el Concejo
Deliberante platense aprobó el nuevo Código de Ordenamiento Urbano, donde el ítem
patrimonial quedó reducido a su mínima expresión. Solo a partir de aportes de
particulares y organizaciones vinculadas al tema se incorporó la intención de
avanzar hacia “un abordaje más amplio y activo”, entendiendo que la identidad
de los barrios no se limita a los bienes monumentales, sino que también incluye
arquitecturas cotidianas, paisajes culturales y formas de habitar. Entre los
puntos destacados figura la necesidad de generar incentivos y mecanismos de
acompañamiento para propietarios de bienes patrimoniales privados.
Sin embargo, entre vecinos y
especialistas —aunque todavía en voz baja— comienza a instalarse una mirada
pesimista. Para muchos, la defensa de las casas patrimoniales en La Plata se
asemeja cada vez más a una batalla perdida. El Palacio Rocca, con casi un siglo
de historia, se mantiene en pie como testigo silencioso de esa tensión entre el
valor del pasado y la falta de políticas efectivas para preservarlo.
Eduardo Finocchi / 1-2026
