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Cinco mujeres platenses que dejaron huella



Ellas dejaron una huella profunda en la ciencia, el arte y la política y a lo largo de su historia, La Plata fue escenario de transformaciones sociales, culturales y científicas impulsadas por mujeres que marcaron época. Sin embargo, como ocurre en muchos lugares, sus aportes no siempre recibieron el reconocimiento merecido. En esta nota, un recorrido por la vida y el legado de cinco mujeres platenses que rompieron moldes y cambiaron realidades. 

Sor María Ludovica, la arquitecta del Hospital de Niños

Nacida en Italia en 1880, María Ludovica llegó a La Plata en 1908 como una joven religiosa destinada a tareas humildes en el entonces precario Hospital de Niños. Con apenas dos salas de madera y unas sesenta camas, la institución estaba lejos de ser el centro de referencia que es hoy.

Con el correr de los años, su capacidad organizativa, su compromiso humano y una visión poco común la llevaron a ocupar cargos de creciente responsabilidad. En 1915, tras la muerte de la Madre Superiora, médicos y trabajadores impulsaron su nombramiento como directora. Desde allí, Sor Ludovica lideró una transformación histórica: gestionó recursos, promovió convenios, impulsó la construcción del edificio actual, incorporó tecnología de vanguardia y creó espacios de contención para familias y niños abandonados.

De carácter firme, incluso rechazó en vida que el hospital llevara su nombre. El reconocimiento llegaría más tarde: en 2005 fue beatificada por el Vaticano y hoy sus restos descansan en la Catedral de La Plata.

Mary O. Graham, pionera de la educación bonaerense

Mary Graham nació en 1842 en Saint Louis, Estados Unidos, y se formó como maestra normal. Convocada por Domingo Faustino Sarmiento, llegó a la Argentina en 1879 para colaborar en la construcción del sistema educativo nacional.

En La Plata tuvo un rol central en la organización de la educación provincial, en un contexto atravesado por tensiones políticas y falta de apoyo económico. Aun así, logró consolidar una institución emblemática: en menos de tres años, el Normal contaba con sus primeras ocho egresadas, sentando las bases de la formación docente en la región.

Ejerció la dirección hasta su muerte en 1902. Fue profundamente querida por la comunidad educativa y homenajeada en 1923 con la colocación de la piedra fundamental del edificio actual. Parte de su legado se conserva hoy en el museo del colegio que lleva su nombre.

Mercedes Simone, la voz que reinventó el tango

Platense de nacimiento, Mercedes Simone llegó al mundo en 1904 y desde muy joven se volcó a la música. Su talento la llevó desde coros escolares y bares locales hasta los grandes escenarios porteños. Con una voz mezzosoprano inconfundible, debutó en el Teatro Ópera y se abrió camino en un ambiente dominado por figuras masculinas.

Simone eligió apartarse del tango tradicional y de sus estereotipos. Cantó al amor, la soledad y la melancolía desde una mirada propia, y se animó a versiones innovadoras como la adaptación en tango del vals “Domingo Triste”. También fue pionera del cine sonoro argentino, participando en películas clave como ¡Tango! y La vuelta de Rocha.

Su carrera la llevó por toda Latinoamérica y en México recibió el apodo que la consagró: “La Dama del Tango”.

Salvadora Onrubia, militancia, periodismo y rebeldía

Salvadora Onrubia nació en La Plata en 1894 y fue una figura imposible de encasillar. Escritora, periodista, docente y militante anarquista, combinó una intensa vida intelectual con una férrea lucha política. Desde muy joven se comprometió con la docencia popular y el activismo, manteniendo incluso correspondencia con Simón Radowitzky.

Ya instalada en Buenos Aires, trabajó en el diario La Protesta y más tarde en Crítica, donde entabló una relación personal y profesional con Natalio Botana. Lejos de abandonar sus convicciones, continuó militando por los derechos de los trabajadores y el sufragio femenino, aun cuando su entorno social parecía empujarla hacia otro camino.

Tras el golpe de Estado de 1930 fue detenida por el régimen de Uriburu. Se negó a pedir clemencia y enfrentó públicamente al dictador, consolidando su figura como una de las voces más valientes de su tiempo.

Virpi Sinikka Niemelä, mirar el universo desde La Plata

Virpi Niemelä llegó a La Plata en 1952 siendo adolescente. Nacida en Finlandia, intentó formarse como ingeniera química mientras estudiaba astronomía en la UNLP. La discriminación de género truncó su primer camino profesional, pero no su vocación científica.

Se graduó, obtuvo doctorado y maestría, y se convirtió en una referente internacional en el estudio de estrellas masivas y sistemas binarios. Publicó más de un centenar de trabajos científicos y formó generaciones de astrónomos.

Durante la última dictadura fue separada de su cargo, pero su prestigio trascendió cualquier persecución. En 1990, un asteroide fue bautizado con su nombre, y hoy su legado sigue presente en el Observatorio y en la Facultad de Astronomía de La Plata.

Una deuda pendiente

Estas cinco historias son apenas una muestra de las innumerables mujeres platenses que hicieron aportes decisivos en distintos campos. Muchas otras —científicas, artistas, docentes, militantes— permanecen aún en un segundo plano de la memoria colectiva.

La falta de reconocimiento también se refleja en el espacio urbano: dentro del casco fundacional de La Plata no hay plazas ni calles dedicadas a mujeres. Recuperar estas trayectorias no es solo un ejercicio histórico, sino un paso necesario para construir una ciudad más justa, inclusiva y consciente de su propio pasado.

Eduardo Finocchi / 2-2026

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