Mucho antes de que existieran la radio, la televisión, Internet o los teléfonos celulares, los platenses también sufrían la ansiedad de no saber cómo iba su equipo cuando jugaba de visitante. Y fue justamente esa pasión futbolera la que dio origen a una de las historias más curiosas y pintorescas de la ciudad: el servicio de palomas mensajeras de los hinchas de Gimnasia y Esgrima La Plata.
A comienzos del siglo XX, cuando el Lobo disputaba partidos
en Buenos Aires, seguir las alternativas del encuentro era casi imposible para
quienes se quedaban en la ciudad. La única opción era esperar el regreso de los
jugadores o la edición del diario del día siguiente. Sin embargo, un grupo de
ingeniosos simpatizantes encontró una solución tan sencilla como sorprendente.
La leyenda cuenta que las palomas pertenecían al arquero del
equipo, un apasionado de la colombofilia, una actividad muy popular en aquellos
años. Para cada partido de visitante, un chico de apenas 13 años viajaba con
una canasta que contenía seis palomas entrenadas para regresar a su palomar en
La Plata.
El procedimiento era casi perfecto. Cada vez que Gimnasia o
el rival convertían un gol, el muchacho colocaba un pequeño mensaje en un
anillo o papel sujeto a la pata de una de las aves y la liberaba. Las últimas
dos palomas se reservaban para comunicar el resultado definitivo del partido.
El vuelo desde la Capital Federal hasta La Plata demandaba
alrededor de media hora. Así, mientras los futbolistas seguían jugando o
emprendían el regreso en tren, los hinchas platenses ya podían conocer el
marcador gracias a sus veloces mensajeras aladas.
La noticia se difundía rápidamente. Al llegar la paloma al
palomar, el mensaje era leído y comentado entre familiares, amigos y vecinos.
En pocos minutos, los cafés, los almacenes y las esquinas de la ciudad se
llenaban de conversaciones sobre el resultado. Era una especie de "cadena
informativa" artesanal, una red social de principios del siglo XX creada
por la pasión futbolera.
Esta curiosa historia no resulta extraña si se tiene en
cuenta que La Plata fue, desde sus primeros años, una ciudad de inventores,
científicos y aficionados a las nuevas tecnologías. El ambiente universitario y
el espíritu innovador de la capital bonaerense favorecieron el desarrollo de
iniciativas originales, y la colombofilia ocupó un lugar destacado entre ellas.
De hecho, durante décadas existieron numerosos palomares en la ciudad y
funcionaron entidades dedicadas a la cría y entrenamiento de estas aves.
Aunque algunos detalles del relato se han transmitido de boca
en boca y forman parte del folclore local más que de la historia documentada,
la anécdota sigue viva y es una muestra de cómo el ingenio y la pasión pueden
vencer las limitaciones de una época.
Hoy, cuando un gol se conoce al instante en cualquier rincón
del mundo gracias a una notificación en el celular, cuesta imaginar que alguna
vez fueron las palomas las encargadas de llevar la emoción del fútbol hasta los
hogares platenses. Sin embargo, en la vieja capital de principios del siglo
pasado, ellas fueron las verdaderas mensajeras de la alegría… o de la
desilusión.
Porque antes de las aplicaciones y las redes sociales, en la
ciudad de las diagonales hubo una tecnología mucho más poética: la de unas
cuantas palomas que, batiendo sus alas, llevaban a casa las noticias del
querido Lobo.
Eduardo Finocchi 6/2026 - https://historiasendiagonal.blogspot.com
