Hay lugares que desaparecen físicamente, pero nunca dejan de
existir en la memoria de una ciudad. El Teatro Cine París fue uno de ellos.
Durante décadas, su elegante presencia sobre la Avenida 7 entre 47 y 48
acompañó la vida de miles de platenses que encontraron allí un espacio para el
entretenimiento, la cultura y los sueños.
Inaugurado el 12 de octubre de 1912 con el nombre de
"Palais Cine París", el edificio representaba una época en la que el
cine era un acontecimiento social. No se trataba simplemente de asistir a una
función; era una salida especial. Las familias se preparaban con anticipación,
los jóvenes aprovechaban para encontrarse con amigos y muchas historias de amor
comenzaron bajo las luces de aquellas salas.
La Avenida 7 era entonces la gran vidriera de La Plata. Los
tranvías recorrían lentamente el centro de la ciudad mientras los comercios
exhibían sus mejores productos. Al caer la tarde, las luces de las marquesinas
comenzaban a encenderse y la avenida cobraba una vida particular que hoy
resulta difícil de imaginar.
Los sábados por la noche y los domingos por la tarde, la zona
era un verdadero hervidero de gente. Los hombres vestían traje o saco, las
mujeres lucían sus mejores prendas y los chicos caminaban de la mano de sus
padres esperando la función que habían anunciado los diarios locales durante
toda la semana.
El Cine París destacaba por su elegancia. Su fachada de
inspiración europea y sus amplios espacios interiores lo convirtieron
rápidamente en una de las salas más prestigiosas de la ciudad. Allí se
proyectaron grandes éxitos del cine nacional e internacional, pero también se
presentaron espectáculos teatrales y musicales.
Entre los artistas que pasaron por su escenario figura nada
menos que Carlos Gardel, quien actuó en la sala en junio de 1921. Aquel
acontecimiento quedó grabado en la historia cultural de la ciudad y convirtió
al París en parte del recorrido de las grandes figuras del espectáculo argentino.
Durante los años treinta, el cine incorporó modernas butacas
pullman y fue adaptado para la llegada del cine sonoro. Aquellas innovaciones
despertaban la admiración del público, que asistía maravillado a los avances
tecnológicos que transformaban para siempre la experiencia cinematográfica.
Alrededor del París florecía la vida social del centro
platense. Muy cerca funcionaban cafés, bares y confiterías donde las personas
comentaban las películas recién vistas o discutían los temas del momento. Muchos
jóvenes prolongaban la salida compartiendo un café o una charla mientras
observaban el movimiento constante de la Avenida 7.
Los más antiguos recuerdan una ciudad distinta. Una ciudad
donde los automóviles eran pocos, donde el sonido metálico del tranvía
acompañaba la rutina diaria y donde el centro podía recorrerse caminando sin
apuro. Las noches tenían otro ritmo y los cines eran verdaderos templos de la
imaginación.
Junto al París brillaban otras salas legendarias: el Rocha,
el San Martín, el Mayo, el Select y tantas otras que hicieron de La Plata una
de las ciudades con mayor actividad cinematográfica de la provincia de Buenos
Aires.
Sin embargo, como ocurrió con tantos edificios emblemáticos,
el progreso y las transformaciones urbanas terminaron cambiando el paisaje. En
1958 el histórico Cine París fue demolido. Con él desapareció una parte
importante del patrimonio arquitectónico y cultural platense.
Quienes amamos la historia de La Plata sabemos que los
edificios son mucho más que ladrillos y cemento. Son escenarios donde
transcurrieron miles de historias personales. Detrás de cada fotografía del
Cine París hay parejas que se conocieron, niños que descubrieron la magia del
cine por primera vez, familias enteras compartiendo una salida y generaciones
de platenses construyendo recuerdos.
Hoy, al caminar por la Avenida 7, pocos imaginan que en ese
lugar funcionó una de las salas más importantes de la ciudad. Pero para quienes
valoran la memoria platense, el Cine París sigue allí. No en la arquitectura,
sino en el recuerdo colectivo de una época en que el centro brillaba cada noche
y el cine era una ceremonia que reunía a toda la comunidad.
Porque mientras haya alguien que recuerde aquellas luces,
aquellas funciones y aquella elegante fachada sobre la Avenida 7, el viejo Cine
París seguirá formando parte del alma de La Plata.
