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La Peña Foto Cine 8 mm: un rincón de sueños y creatividad en La Plata

 



Hay lugares que desaparecen físicamente, pero que siguen vivos en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de transitarlos. Para muchos platenses amantes de la cultura, la fotografía y el cine, la Peña Foto Cine 8 mm fue uno de esos espacios mágicos donde el tiempo parecía detenerse entre imágenes, proyectores y conversaciones interminables.

Durante las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta, la Peña Foto Cine 8 mm de La Plata se convirtió en un verdadero refugio para fotógrafos, cineastas aficionados y artistas que encontraban allí un ámbito ideal para compartir experiencias, aprender y mostrar sus trabajos. En aquellos años, cuando la tecnología era limitada y cada fotografía o cada metro de película requerían dedicación y paciencia, la pasión era el motor que impulsaba cada encuentro.

Recuerdo con especial cariño mis frecuentes visitas a la Peña. Como tantos otros entusiastas de la imagen, yo, Eduardo Finocchi, concurría asiduamente para participar de las actividades y disfrutar de las exposiciones fotográficas que comenzaban a dar prestigio a un gran amigo personal: José Luis Mac Loughlin.

La Peña era mucho más que una institución cultural; era un punto de encuentro donde nacían amistades, proyectos y sueños. Entre los recuerdos que permanecen imborrables está el de cruzarme en más de una oportunidad con Horacio Ferrer, por entonces un apasionado participante de aquellas actividades culturales y que años después se convertiría en amigo y actual director de Radio Rocha AM 1570, una emisora profundamente ligada a la identidad platense.

Aquellos encuentros tenían algo especial. No existían las redes sociales ni la inmediatez de los tiempos modernos. Las conversaciones se extendían durante horas alrededor de una fotografía recién revelada o de una película proyectada en una pantalla improvisada. Cada exposición era una celebración del talento local y cada reunión una oportunidad para descubrir nuevas miradas sobre la ciudad.

La Plata de aquellos años respiraba cultura en cada rincón. La Peña Foto Cine 8 mm formó parte de ese entramado de instituciones que ayudaron a construir una identidad artística propia, impulsando a generaciones de fotógrafos y cineastas que encontraron allí el espacio necesario para crecer.

La relevancia de la Peña Foto Cine 8 mm también puede medirse por las figuras que pasaron por sus filas. Entre sus integrantes más destacados se encontraba el cineasta platense Julio César Otero Mancini, considerado con el tiempo uno de los grandes referentes del cine experimental argentino en formato Súper 8.

Otero Mancini recordaba que se incorporó a la Peña en 1975, atraído por la posibilidad de filmar en pequeño formato y desarrollar proyectos propios en un ámbito donde la creatividad tenía más importancia que los recursos económicos. Allí comenzó a experimentar con ingeniosas soluciones técnicas artesanales para sincronizar imagen y sonido, un desafío complejo para los realizadores de aquella época, cuando la tecnología disponible estaba muy lejos de las facilidades actuales.

Aquellos años de aprendizaje y experimentación fueron fundamentales para su carrera. Desde la Peña inició un camino artístico que lo llevaría a realizar obras memorables como "Maquillaje" (1975), "Boomerang" (1976), "Las calles de mi ciudad" (1983) y "Super Transfer" (1985), trabajos que hoy forman parte del patrimonio cultural del cine independiente argentino.

Historias como la de Otero Mancini reflejan el verdadero espíritu de la Peña Foto Cine 8 mm: un espacio donde los sueños encontraban un lugar para crecer, donde la pasión por la imagen unía generaciones y donde muchos artistas platenses dieron sus primeros pasos antes de dejar una huella imborrable en la cultura de la ciudad y del país.

Hoy, cuando las imágenes se multiplican en cuestión de segundos y los recuerdos suelen perderse en la inmensidad digital, resulta inevitable sentir una profunda melancolía al recordar aquellas tardes y noches compartidas en la Peña. Sin embargo, también queda la satisfacción de haber sido testigo de una época irrepetible, de haber acompañado los comienzos de amigos entrañables y de haber compartido momentos con personas que dejaron su huella en la historia cultural platense.

Porque algunos lugares no desaparecen nunca. Siguen existiendo en la memoria, en las fotografías amarillentas y en los relatos que nos ayudan a mantener vivo el espíritu de una ciudad que siempre tuvo mucho para contar.

Eduardo Finocchi / 6-2026   -   https://historiasendiagonal.blogspot.com

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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