Pocos platenses lo saben. Detrás de sus muros, el Cementerio
Municipal de La Plata es mucho más que un lugar de descanso eterno: es una
verdadera ciudad paralela. Una réplica silenciosa de la capital bonaerense,
concebida por el mismo hombre que diseñó sus diagonales, plazas y avenidas: el
ingeniero Pedro Benoit.
Quienes recorren sus calles por primera vez suelen
sorprenderse. No se trata de un cementerio convencional. Sus senderos forman
una trama urbana perfectamente organizada, con diagonales, plazoletas y
manzanas que reproducen la lógica del trazado fundacional de La Plata. Es,
literalmente, una ciudad para los muertos.
La construcción comenzó en diciembre de 1886 y el cementerio
fue inaugurado el 1 de febrero de 1887, apenas unos años después del nacimiento
de La Plata. Benoit aplicó allí los mismos principios urbanísticos que había
utilizado para la flamante capital provincial: calles ortogonales, diagonales,
espacios verdes y una organización geométrica casi perfecta.
No fue una casualidad. Para los urbanistas del siglo XIX, las
ciudades debían expresar orden, racionalidad y armonía. El cementerio debía
integrarse a esa visión. Así nació una especie de "doble urbano": una
ciudad destinada a los vivos y otra reservada para quienes partían.
La ciudad de los muertos
Durante décadas, investigadores e historiadores han señalado
que el diseño del cementerio refleja conceptos filosóficos y simbólicos
presentes en la fundación de La Plata. Algunos estudios relacionan su trazado
con ideas masónicas sobre el ciclo de la vida, la muerte y la trascendencia.
Por eso muchos lo llaman "la ciudad de los
muertos". Sus avenidas tienen nombres y numeraciones, sus bóvedas parecen
palacios en miniatura y sus plazoletas generan la sensación de estar caminando
por un barrio antiguo detenido en el tiempo.
En las noches de luna llena, cuando las sombras se proyectan
sobre los mausoleos y los árboles centenarios, el lugar adquiere una atmósfera
que parece salida de una novela gótica.
Un museo arquitectónico a cielo abierto
El Cementerio de La Plata alberga miles de bóvedas y
panteones construidos entre fines del siglo XIX y principios del XX. Allí
conviven estilos neoclásicos, neogóticos, art nouveau, art decó y hasta
influencias neoegipcias.
Cada familia buscó perpetuar su memoria mediante la
arquitectura. El resultado es un extraordinario catálogo artístico donde
abundan vitrales, esculturas, ángeles, columnas, cúpulas y símbolos funerarios.
Muchos especialistas consideran que se trata de uno de los
conjuntos patrimoniales más importantes de la provincia de Buenos Aires.
El portal que guarda los secretos
Uno de los elementos más impactantes es su acceso principal,
diseñado también por Benoit. Inspirado en los templos clásicos, presenta columnas
dóricas y una monumentalidad que busca marcar el paso entre dos mundos: el de
los vivos y el de los muertos.
Para algunos historiadores, el ingreso funciona como un gran
símbolo iniciático. Quien atraviesa sus puertas deja atrás la ciudad cotidiana para
ingresar a otra donde el tiempo parece haberse detenido.
Personajes ilustres y leyendas
Entre sus calles descansan políticos, científicos, artistas,
fundadores y vecinos que construyeron la historia platense. Cada bóveda guarda
relatos familiares, tragedias, éxitos y secretos.
Las visitas guiadas suelen detenerse en los símbolos
esculpidos sobre las tumbas: relojes detenidos, antorchas invertidas, manos
entrelazadas, coronas de laurel y figuras angelicales que hablan de la
esperanza, el duelo y la eternidad.
Aunque miles de personas pasan diariamente por las cercanías
del predio, pocos conocen la magnitud histórica y arquitectónica que se esconde
tras sus muros.
Declarado patrimonio arquitectónico y cultural, el Cementerio
de La Plata sigue siendo uno de los lugares más fascinantes de la ciudad. No
sólo porque guarda la memoria de generaciones de platenses, sino porque
representa una idea única: la de construir una segunda ciudad, idéntica a la
original, para que sus habitantes continuaran viviendo simbólicamente más allá
de la muerte.
Quizás por eso, al recorrer sus diagonales silenciosas y sus
calles arboladas, uno tiene la extraña sensación de estar caminando por una
ciudad conocida... pero habitada por fantasmas de la historia.
Investigación e Historia: Eduardo Finocchi 6/2026
https.//historiasendiagonal.blogspot.com
