Por las calles de La Plata circulan miles de personas cada
día sin sospechar que detrás de los altos muros del monasterio de las
Carmelitas Descalzas, en 7 y 35, existe un pequeño cementerio. No aparece en
los recorridos turísticos, no figura en los mapas urbanos y permanece
prácticamente invisible para la mayoría de los platenses.
Sin embargo, detrás de ese silencioso lugar se esconde una
historia que comenzó hace casi un siglo con una de las mayores tragedias
marítimas del mundo.
Un cementerio detrás de los muros
En el interior del Monasterio Regina Martyrum y San José,
perteneciente a las Carmelitas Descalzas, funciona desde 2003 un pequeño
cementerio destinado exclusivamente a las religiosas de la comunidad.
La autorización fue otorgada por el Concejo Deliberante mediante
la Ordenanza 9646. La solicitud se fundamentó en una tradición propia de las
órdenes contemplativas de clausura: las monjas desarrollan toda su vida dentro
del monasterio y, por esa razón, también desean ser sepultadas allí.
La decisión generó polémica entre algunos vecinos de Barrio
Norte, quienes expresaron preocupación por la presencia de un cementerio en
pleno casco urbano. Con el paso de los años, aquellas discusiones quedaron en
el olvido y hoy la mayoría de los habitantes de la ciudad desconoce que, detrás
de esos muros, descansan las religiosas que dedicaron su vida a la oración y al
silencio.
Pero la historia del convento es aún más conmovedora.
Todo comenzó el 25 de
octubre de 1927, cuando el vapor italiano Princesa Mafalda* naufragó frente
a las costas de Brasil. El buque, considerado uno de los más importantes de su
época, realizaba la ruta entre Europa y Sudamérica cuando sufrió una serie de
fallas mecánicas que terminaron provocando su hundimiento.
La tragedia causó centenares de víctimas y conmocionó
profundamente a la sociedad argentina e italiana.
Entre los fallecidos se encontraba el joven Enrique Mayol
Cramer, integrante de una conocida familia vinculada a La Plata.
Su madre, María Luisa Cramer de Mayol, decidió transformar el
dolor por la pérdida de su hijo en una obra permanente. Como homenaje a su
memoria, donó los terrenos y los recursos necesarios para la construcción de un
monasterio de Carmelitas Descalzas en la ciudad.
La piedra fundamental fue colocada poco después de la
tragedia y el convento comenzó a desarrollarse durante los años siguientes,
convirtiéndose en uno de los espacios religiosos más emblemáticos de La Plata.
La comunidad fue inaugurada a comienzos de la década de 1930 y continúa
funcionando hasta nuestros días.
Resulta llamativo pensar que uno de los lugares más
silenciosos de La Plata haya nacido a partir de un episodio tan dramático
ocurrido a miles de kilómetros de distancia.
Mientras la ciudad crecía alrededor de diagonales, plazas y
edificios públicos, detrás de los muros de 7 y 35 se desarrolló durante décadas
una vida completamente diferente: la de mujeres dedicadas a la contemplación,
alejadas del ruido urbano y unidas por una misma vocación.
Y allí mismo, donde rezaron durante toda su existencia,
también encuentran su descanso final.
Quizás por eso el pequeño cementerio de las Carmelitas no sea
solamente una curiosidad urbana. Es, en realidad, el último capítulo de una historia
iniciada en el océano Atlántico, cuando el naufragio del Princesa Mafalda
cambió para siempre el destino de una familia y dejó como legado uno de los
rincones más desconocidos de La Plata.
*El Principessa Mafalda
fue uno de los grandes transatlánticos italianos de comienzos del siglo XX.
Construido para la ruta Génova–Buenos Aires, era considerado uno de los barcos
más elegantes de su tiempo, con salones de lujo, amplias cubiertas y capacidad
para más de mil pasajeros.
El 25 de octubre de 1927, frente a las costas de Brasil, una
avería en el eje de una hélice provocó daños en el casco. Tras varias horas de
agonía, el barco se hundió causando la muerte de 314 personas, en una de las
mayores tragedias marítimas de la historia italiana.
Investigación e Historia: Eduardo Finocchi 6/2026
