.

La Plata y la Masonería: los símbolos ocultos en los cimientos de la Ciudad del Futuro

 


Cuando se habla de los orígenes de La Plata, es imposible dejar de mencionar un aspecto que durante décadas despertó curiosidad, investigaciones y numerosas teorías: la profunda influencia que tuvo la masonería en el diseño y la construcción de la capital bonaerense.

Detrás del extraordinario trazado urbano, las diagonales, las plazas perfectamente distribuidas y la planificación que asombró al mundo, existió un grupo de profesionales que compartía mucho más que un proyecto arquitectónico.

Las investigaciones históricas coinciden en que 29 de los 36 profesionales que participaron en la creación de la ciudad eran miembros de la masonería. Ingenieros, arquitectos, agrimensores y funcionarios formaban parte de una institución que, desde el siglo XIX, promovía ideales vinculados al conocimiento, el progreso, la educación y la libertad de pensamiento.

No resulta extraño entonces que muchos historiadores encuentren en el diseño de La Plata una fuerte carga simbólica, donde cada espacio parece responder a una planificación meticulosa.

Uno de los momentos más sorprendentes ocurrió exactamente un siglo después de la fundación.

En 1982, cuando La Plata celebró su centenario, fue reabierta la Piedra Fundamental, ubicada en Plaza Moreno.

Al descubrir su contenido aparecieron diversos objetos históricos, entre ellos dos símbolos inconfundibles de la masonería: La escuadra y El compás.

Además, los investigadores encontraron al menos nueve medallas pertenecientes a distintas logias masónicas, una evidencia que confirmó el fuerte vínculo existente entre la fundación de la ciudad y esta institución.

La influencia masónica no terminó con la ceremonia fundacional. Apenas diez días después de la fundación de La Plata, quedó constituida la primera logia local: Luz y Verdad.

Este dato demuestra que la masonería acompañó desde sus primeros días el desarrollo institucional y social de la nueva capital de la provincia de Buenos Aires.

Quizás una de las aparentes contradicciones más llamativas de la historia platense sea la relación entre la masonería y la religión.

Tradicionalmente suele asociarse a la masonería con posiciones anticlericales. Sin embargo, el principal símbolo arquitectónico de La Plata terminó siendo precisamente la imponente Catedral de la Inmaculada Concepción, una de las iglesias neogóticas más importantes de América.

Lejos de representar una contradicción absoluta, muchos especialistas consideran que la ciudad refleja la convivencia de distintas corrientes filosóficas, políticas y culturales que caracterizaron a la Argentina de fines del siglo XIX.

Desde el primer día, La Plata fue concebida como una ciudad modelo. Su trazado perfectamente geométrico, sus diagonales, los amplios espacios verdes, la planificación sanitaria, el sistema de plazas y avenidas y la incorporación de los avances urbanísticos más modernos de la época hicieron que llamara rápidamente la atención del mundo.

Ese reconocimiento llegó pocos años después, cuando durante la Exposición Universal de París fue distinguida como "La Ciudad del Futuro", un título que sintetizaba el espíritu innovador con el que había sido concebida.

Más de 140 años después, La Plata continúa siendo objeto de estudios, recorridos históricos y debates sobre el significado de sus símbolos.

La presencia de la escuadra y el compás en la Piedra Fundamental, las medallas de las logias encontradas durante su apertura y la participación mayoritaria de profesionales masones en su construcción forman parte de un patrimonio histórico que ayuda a comprender mejor el nacimiento de una de las ciudades planificadas más importantes de América Latina.

Más allá de los mitos y las leyendas, estos hechos invitan a mirar la ciudad con otros ojos y a descubrir que, bajo sus calles, plazas y diagonales, también se esconde una fascinante historia de ideas, símbolos y sueños de progreso que marcaron para siempre la identidad de La Plata.

Y no fue el resultado de un poblado mínimo que después fue creciendo. No. Nació en un tablero de dibujo y es una de las pocas en el mundo que se originaron así. Muchos culparon a los masones de poner a la calle con el numero 13 en el centro mismo de la ciudad. Pero para los masones, el 13 es el número que simboliza algo bueno: la transformación de simples mortales a hombres iluminados que aprendieron a conocer los secretos de la vida.

Un escritor, Gualberto Reynal, puso, además de esta historia del 13, la llamativa reiteración del 666, a través de sumas y restas de sus calles que, como bien sabemos es “el número de la Bestia”, el anticristo en el libro del Apocalipsis.

¿Tonterías? ¿Quién lo sabe? La ciudad fue una idea de Dardo Rocha. Y un sueño secreto. ¿Y cuál era su sueño? Aspiraba a ser el próximo presidente de la Nación. Según me contó Rubén Pesci, reconocido arquitecto platense: “Él hace una triquiñuela muy interesante y para mi valiosa: diseña una gran ciudad como capital de la provincia que bien se la merecía, pero que pudiera, a la vez, ser capital de la Nación si los acontecimientos iban hacia esa dirección”.


13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

EDICIÓN N°