Hay casas que simplemente ocupan un terreno. Y hay otras que parecen tener alma.
Frente a la Plaza Brandsen, sobre la calle 60 entre 25 y 26,
se levanta desde hace casi un siglo una construcción que desafía al tiempo y
despierta la curiosidad de quienes pasan por allí. Es la Casa Vibbot,
una vivienda que no se parece a ninguna otra de La Plata y que, con sus arcos
azules, sus piedras centenarias y su inconfundible aspecto de pequeño castillo,
se ha convertido en uno de esos secretos que la ciudad conserva
silenciosamente.
Mientras el barrio fue creciendo y transformándose, ella
permaneció allí, firme e inalterable, como un viejo centinela de piedra
observando el paso de las generaciones.
Su arquitectura remite a las antiguas construcciones árabes
y moriscas. Sus muros parecen contar historias llegadas desde tierras lejanas,
inspiradas en aquellas fortalezas de piedra que aún sobreviven en distintas
regiones de España. En La Plata, sin embargo, no existe otra vivienda que posea
esa misma identidad arquitectónica, convirtiéndola en una pieza única dentro
del patrimonio urbano.
Pero la verdadera historia de la Casa Vibbot no está
solamente en sus paredes.
Está en las manos que la levantaron. Fue el sueño de un hombre que decidió construir con paciencia, piedra sobre piedra, acompañado por dos inmigrantes alemanes que esculpieron las columnas y los pilares que todavía hoy sostienen su personalidad inconfundible. Cada detalle fue pensado con dedicación, desde los robustos cimientos —que descienden casi dos metros bajo tierra para soportar el enorme peso de la estructura— hasta las pequeñas flechas talladas en la piedra, discretos símbolos que evocan la iconografía de los antiguos pueblos moros.
Nada fue improvisado. Todo quedó hecho para durar. Y duró.
Porque a diferencia de tantas casonas históricas que fueron
vendidas, demolidas o transformadas, la Casa Vibbot jamás dejó de pertenecer a
la misma familia. Entre esas paredes crecieron hijos, nietos y bisnietos; se
celebraron cumpleaños, se compartieron mesas familiares y se atravesaron los
buenos y los malos tiempos.
Hoy continúa siendo cuidada por los descendientes de su
constructor, entre ellos Elsa Vibbot, quien mantiene viva la memoria de una
obra que ya forma parte de la identidad platense.
Sin embargo, el paso del tiempo no siempre llega de la mano
de la naturaleza.
En agosto de 2025, la casa volvió a ocupar el centro de la
escena cuando sus propietarios denunciaron que un operativo municipal para
pintar cordones y cubrir grafitis terminó alterando la piedra noble de la base
de los muros y pilares. Lo que para algunos fue una simple tarea de
mantenimiento urbano, para la familia significó una herida sobre una
construcción que había logrado conservar intacta su esencia durante casi cien
años.
Porque el patrimonio no siempre desaparece de un día para otro. A veces comienza a perderse en pequeños gestos, en decisiones apresuradas o en la falta de sensibilidad hacia aquello que nos conecta con nuestro pasado.
La Casa Vibbot es mucho más que una vivienda antigua. Es el testimonio del esfuerzo de una familia, del trabajo de inmigrantes que ayudaron a construir la ciudad, de una arquitectura irrepetible y de una época en la que las casas se levantaban pensando en el futuro, no en la inmediatez.
Quizá por eso, quienes alguna vez caminaron por la Plaza
Brandsen y levantaron la vista hacia ese pequeño castillo de piedra
comprendieron que algunas construcciones no necesitan grandes carteles ni
reconocimiento oficial para convertirse en parte del alma de una ciudad.
Solo necesitan seguir de pie. Y que los platenses nunca dejemos de mirarlas con el mismo asombro con que las descubrieron quienes pasaron por allí hace casi un siglo.
©Eduardo Finocchi 8/2026
