Hay casas que simplemente fueron construidas para ser
habitadas. Y hay otras que parecen haber nacido para contar la historia de una
ciudad.
En la calle 47 entre 115 y 116, a pocos metros del
Bosque platense, permanece en pie una de las residencias más bellas y
singulares de La Plata. Quienes pasan frente a ella suelen verla con su fachada
envejecida, los revoques castigados por el tiempo y un cartel de alquiler. Sin
embargo, detrás de esas paredes se esconde casi un siglo de historia.
La vivienda fue levantada en 1926 por el ingeniero
Ángel Morosi, cuando ese sector de la ciudad estaba rodeado casi
exclusivamente por el Bosque y las vías del ferrocarril. No fue pensada como
una inversión inmobiliaria: era la casa donde la familia soñaba vivir para
siempre.
Un rincón de Inglaterra en La Plata
La residencia fue diseñada siguiendo el elegante estilo
Tudor, fácilmente reconocible por sus techos inclinados, entramados de
madera, balcones, molduras y detalles de piedra.
Morosi importó desde Europa pisos, carpinterías, herrajes,
empapelados y muebles, convirtiendo la vivienda en una de las más refinadas de
la ciudad para su época.
El tren pasaba por el fondo
Pocos conocen una curiosidad que hace única a esta propiedad.
El terreno tiene una forma irregular porque las vías
ferroviarias pasan por detrás de la casa. Ese mismo tren era utilizado
diariamente por Ángel Morosi para viajar hasta el Puerto La Plata,
organismo que dirigió durante cerca de tres décadas. La casa y el ferrocarril
crecieron prácticamente juntos.
Cuando el patrimonio vale más que un edificio
Con el paso de los años, la familia recibió numerosas
propuestas para vender el terreno.
Las inmobiliarias les aseguraban que la construcción no tenía
valor y que lo conveniente era demolerla para levantar una torre de
departamentos.
Los Morosi eligieron otro camino.
Decidieron conservar la vivienda y transformarla en Casa
Abierta, un espacio cultural donde comenzaron a realizarse conciertos,
exposiciones, talleres, presentaciones de libros y visitas patrimoniales. Así
nació uno de los proyectos privados de preservación arquitectónica más
importantes de La Plata.
Una casa que también sufrió
Durante la pandemia, la tranquilidad del lugar se quebró.
La casona fue blanco de una larga serie de robos y actos de
vandalismo. Los delincuentes ingresaban desde el sector de las vías, provocando
daños y llevándose herramientas, muebles de jardín e instrumentos musicales. La
situación puso en riesgo la continuidad del proyecto cultural y evidenció la
vulnerabilidad del patrimonio histórico cuando falta protección.
Un símbolo de la memoria platense
Hoy la fachada muestra el paso del tiempo, pero conserva
intacta su personalidad: el gran portal de ingreso, el balcón de piedra, los
escudos ornamentales y la impronta Tudor que la distingue entre las
construcciones del barrio.
Cada moldura, cada ventana y cada pared recuerdan una época
en la que las viviendas se proyectaban para perdurar durante generaciones.
En una ciudad donde tantas casonas históricas fueron
demolidas para dar paso a edificios, la residencia Morosi continúa siendo un
símbolo de resistencia y un ejemplo del compromiso de una familia que eligió
preservar la memoria antes que resignarla al negocio inmobiliario.
®Eduardo Finocchi 8/2026
