Sin grandes carteles ni publicidad, el mítico salón de 23 y
43 reúne cada semana a cientos de platenses. Los martes, su milonga convoca a
jóvenes y mayores en una de las reuniones tangueras más populares de la ciudad.
En una esquina de La Loma, cerca de 23 y 43, existe un
lugar que para muchos platenses no necesita presentación: “Lo de Raúl”,
o simplemente “Lo de Gaggiotti”.
Desde afuera, nada hace imaginar lo que ocurre detrás de su
discreto portón. Adentro hay un enorme salón con mesas, escenario, cocina y una
pista de baile que, especialmente los martes, se convierte en el corazón de una
multitudinaria milonga.
Su creador es Raúl Gaggiotti, nacido en La Loma el 8
de mayo de 1942. Hijo de un inmigrante italiano, creció entre radios,
transformadores y bandoneones. Estudió electrónica, aprendió música y desde muy
joven comenzó a transitar los escenarios.
Fue bandoneonista de la orquesta de Horacio Del Buono y
posteriormente integró y formó distintos grupos musicales. Pero tenía otro
sueño: construir su propio espacio.
En 1988 comenzó a levantar el salón con sus propias manos.
Techos, instalaciones eléctricas, soldaduras, escenario y baños fueron parte de
una obra que creció con los años, acompañada por el esfuerzo de toda su
familia.
La milonga que no para de crecer, Uno de los fenómenos más llamativos
de “Lo de Raúl” ocurre los martes.
Después de la pandemia, la milonga comenzó con unas 50
personas. Hoy puede reunir cerca de mil, sin campañas publicitarias, sin
grandes artistas invitados y prácticamente sin promoción en redes sociales.
La gente llega por recomendación de otros. Y allí conviven
generaciones muy diferentes.
Jóvenes de 19 o 20 años comparten las largas mesas con
personas mayores, comen algo, conversan y después salen a bailar. Muchos ni
siquiera pertenecían originalmente al mundo del tango.
“Lo que más llama la atención es cómo se acercan los
jóvenes”, cuenta Franco Velázquez, nieto de Raúl y uno de los integrantes de la
familia que continúa al frente del lugar.
Para Franco, esa convivencia es precisamente una de las
grandes riquezas del salón: desconocidos que terminan conversando, riendo,
bailando y, muchas veces, convirtiéndose en amigos.
Pero “Lo de Raúl” no vive solamente del baile. La gastronomía
también ocupa un lugar fundamental. Ravioles con tuco, milanesas napolitanas
con papas fritas y flan mixto son algunos de los platos que acompañan las noches.
La propuesta siempre mantuvo una premisa sencilla: comer
bien, abundante y a precios accesibles.
Los sábados, el público cambia parcialmente y el salón se
transforma en un espacio de música tropical y romántica. Allí Raúl también
vuelve al escenario, acompañado por integrantes de su familia.
“Todo esto lo hice con
mis propias manos”, recuerda orgulloso Gaggiotti, quien fue reconocido como Ciudadano
Ilustre de La Plata.
Su esposa, sus hijos y sus nietos forman parte de la
estructura del lugar. Cada uno cumple distintas funciones y, de esa manera, el
viejo sueño de Raúl se convirtió en una verdadera empresa familiar.
Su nieta Lucía, pianista, también participa musicalmente,
mientras otros integrantes de la familia completan la formación que mantiene
vivo el escenario.
Quizás una de las claves de la permanencia de “Lo de Raúl”
sea que allí nadie parece preguntarse demasiado quién es el otro.
No hay códigos de vestimenta ni reglas estrictas sobre con
quién bailar. Hay parejas, principiantes, profesores, jóvenes y adultos
mayores. Todos comparten la misma pista.
En tiempos en los que muchas veces predominan las
diferencias, el salón de La Loma propone algo mucho más sencillo: bailar,
comer, conversar y pasarla bien juntos.
Más de tres décadas después de aquel sueño que comenzó en
1988, Raúl Gaggiotti sigue detrás de la idea que lo acompañó toda su vida.
Un lugar hecho con trabajo, música y familia.
Un lugar que no necesitó grandes campañas para hacerse
conocido.
Y como platense y como abuelo, no puedo terminar esta historia sin una pequeña referencia personal.
Soy un abuelo feliz. Anoche, mi nieto, con sus veintipico de años, fue a bailar a “Lo de Raúl” junto a sus amigos. Y mientras pensaba en esa escena, entendí todavía mejor el verdadero valor de este lugar: un espacio que nació hace décadas, que vio pasar generaciones y que todavía consigue reunir a los jóvenes alrededor de la música, el baile y la amistad.
Quizás ese sea el mejor homenaje para Raúl Gaggiotti: que sus nietos y los jóvenes de hoy sigan encontrando en su salón un lugar donde divertirse, compartir y ser felices.
Porque hay lugares que son mucho más que un salón de baile. Son parte de la historia viva de nuestra ciudad.
Porque en La Plata hay sitios que se convierten en instituciones simplemente porque la gente los hace suyos.
Y “Lo de Raúl” es, sin dudas, uno de ellos.
©Eduardo Finocchi / 8-2026
