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La historia de las semillitas de girasol en las canchas de La Plata



Si bien las primeras que conocimos eran de Trenel (La Pampa) por aquí hubo un emprendimiento que se inició con un triciclo, hace más de setenta años, y fue un clásico de las canchas, las semillitas El Faro.

Las semillitas El Faro de Berisso; eran tostadas, empaquetadas y distribuidas al principio en las canchas de La Plata, luego por todos los Kioscos por la familia Santucci.

Las instalaciones de El Faro se encuentran en la calle 7 (o Génova) de Berisso. La fachada del lugar es una pared de ladrillos a la vista con una ventana y un portón con cuadrados de vidrio en marcos negros. Al lado del número de domicilio, la entrada avisa: “Flia. Santucci”.

En el interior, hay un gran depósito en el que se guarda la materia prima y productos listos para distribuir, una sala con dos hornos a gas y los sectores de envasado de maní y girasol, ambos con máquinas automáticas para empaquetar. Este tipo de fábricas son conocidas como tostaderos.

El Faro, en efecto, nació en Berisso hace más de setenta años. Alberto Santucci, trabajaba como cadete en la ferretería La Bola de Oro, a unos 200 metros de la emblemática calle Nueva York.

A ese negocio solía ir un griego que vendía girasol en un triciclo y de quien supo hacerse amigo. Un día, el griego le ofreció trabajar con él y aceptó. Tiempo después, el griego abandonó el emprendimiento y le regaló a Alberto el triciclo y un pequeño horno en el que tostaba el girasol. Ese fue el inicio de todo.

Todos los días se tuesta y se envasa, porque ahora también distribuyen maní tostado. La materia prima suele llegar en bolsas de 25 kilos que traen camiones. El maní que se trabaja en El Faro es de origen cordobés. En tanto, el girasol proviene de la provincia de La Pampa.

En la entrada a los estadios de Estudiantes y Gimnasia, los vendedores de semillitas ofertan “cuatro por mil”, “tres por mil”, “dos por mil”. Sus voces son parte del paisaje sonoro, un canto conocido para quienes suelen ir a las canchas platenses. Los hinchas las comen por hambre, por cávala, para aplacar los nervios.

Los paquetitos de nylon, transparentes y amarillos con el dibujo del faro, pesan 30 gramos, entran en la palma de la mano y se abren fácilmente. El rito (o la forma más común de comerlas) implica romper la cáscara salada de girasol con los dientes, escupirla y saborear la semilla limpia, de sabor suave; de una o muchas a la vez. El descarte, esa cáscara seca que es como una maderita y todos las escupen, se acumula en las tribunas, bajo la ansiedad de cada partido.


Begun / 0221.com.ar / agroempresario.com / El Album de La Plata

as El Faro.

13 y 522 - Tolosa, donde ahora está el Distribuidor P. Benoit

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